El número de mayo de la revista Oxígeno llega desafiante, como una fiera salvaje dispuesta a todo. En la portada un aviso: extra riesgo ejemplar peligroso. Y en el interior 10 Rutas de Vértigo, seleccionadas por un servidor, Trekking en “zona de guerra”, las pesadillas de los pro en situaciones y lugares infernales, cómo controlar el peligro, búlder a fondo, surf o los trucos de Kilian Jornet, el mago de las carreras por montaña, son los titulares de portada sobre una sugerente foto de un rápido en un río de Eslovenia.

También publico una ruta de trail en la Sierra del Rincón que me ha servido para iniciar la preparación del maratón de Zegama al magnífico macizo de Aizkorri, la carrera de las carreras, una buena cita para el próximo 20 de mayo.

Y de regalo la Guía práctica del Camino de Santiago, un cuadernillo de 52 páginas con todo lo que hay que saber para preparar y finalizar el viaje a Santiago.

www.revistaoxigeno.es

La Albufera des Grau es una porción del litoral nororiental de Menorca, a 9 km de la ciudad deMaó, rodeado de relieves montañosos, tupidos bosques de matorral mediterráneo y una costa mordisqueada por la bravura del oleaje marino. Constituye una zona húmeda costera de gran interés y reúne varios ecosistemas lacustres que convierten a la laguna en el área de mayor valor ecológico de la isla.

A finales del siglo XVIII, cuando las Baleares sufrieron el peor periodo de bandidaje y ataques piratas, la laguna era un pantanal pestilente e inhabitable propicio a la proliferación de todo tipo de epidemias producidas por los insectos y bacterias que encontraban en las aguas estancadas un excelente caldo de cultivo, especialmente el paludismo. Las autoridades de la época promocionaron la ocupación del territorio regalando tierras libres de contribuciones para intentar convertir la insalubre región en una comarca habitable. Los nuevos colonos construyeron canales de drenaje y sistemas de desecación para dar salida al agua estancada, introduciendo el cultivo del arroz en las zonas inundadas, cereal en la tierra seca y cabaña bovina de raza menorquina y vacas frisonas en los terrenos elevados, a salvo de la influencia del exceso de humedad y el salitre del agua marina.

 

Origen y evolución

Las zonas húmedas litorales son acumulaciones de agua dulce que han quedado encerradas en depresiones del terreno cercanas a la costa al taponarse la salida natural mediante grandes acumulaciones de materiales arrastrados por el oleaje del mar. La cuenca de la Albufera des Grau ocupa una extensión de 60 km cuadrados sobre areniscas y pizarras del Carbonífero, erosionadas por los torrentes de Na Bona, Puntarró y Tordonell. Durante las lluvias de otoño e invierno la laguna presenta un aspecto pletórico y saludable, repleta de vida animal y vegetal, soltando el agua sobrante de forma natural a través de un canal llamado Sa Gola, que comunica el extremo oriental de la Albufera con el arenal de la playa des Grau. Sa Gola es la única vía de comunicación fluvial entre la laguna y el mar. Al mismo tiempo sirve para evacuar la sobrecarga del humedal y permite la entrada de agua salada al interior de la Albufera cuando se producen las llamadas rissagues, que son pleamares muy particulares que tienen lugar en determinados parajes costeros en unas situaciones climatológicas especiales. En contra existe la posibilidad de que Sa Gola quede obstruida por un temporal, obligando a los habitantes de la zona a retirar los sedimentos acumulados para evitar que la laguna entre en un proceso de eutrofización.

Flora y fauna

La riqueza vegetal y la variedad de especies y alianzas botánicas convierten a la Albufera des Grau en un espacio natural de alto valor. La vegetación litoral está representada por la mata o lentisco, el càrritx balear (no confundir con el carrizo común), el ullastre o acebuche, la salicornia y varias especies de juncos. Debajo del agua vive la herba de fotja (Ruppia cirrhosa), cuya  flores se abren encima de la superficie creando bellos paisajes acuáticos. En las zonas inundadas de agua salobre hay tamarindos y en las dunas del litoral hay comunidades de mielga marina, lechetrezna de mar, cuernecillo de mar y ruda canina. Varios bosquecillos de pino carrasco y una mancha de olmos en el torrente de Modorro completan las especies arbóreas.

La Albufera des Grau es una de las tres zonas húmedas más importantes de las islas Baleares, destacando el valor fundamental de la laguna como estación de acogida para las aves migratorias. De las 90 especies de aves habituales en la laguna a lo largo del año un buen número utiliza la zona de invernada y otras de residencia. Algunas aves de la albufera son martín pescador, andarrios chico, cuchara común, cerceta común, silbón, azulón, garza imperial y real, porrón común y moñudo, garcilla, cigüeñuela y varios correlimos.

Acceso y rutas

Desde Maó por la carretera de Fornells y a 2 km girar a la derecha en dirección Es Grau. Antes de llegar a la población sale a la izquierda la carretera de acceso al Centro de Visitantes del Parque Natural de la Albufera des Grau, donde se pueden ver reproducciones de los ecosistemas de la Albufera. Al final de la carretera hay un aparcamiento donde comienzan dos rutas senderistas autoguiadas por el entorno de la laguna. En este tramo aparece el sendero del Camí de Cavalls, un antiguo camino defensivo costero levantado por los franceses en el siglo XVIII para vigilar las incursiones piratas.

No hace falta ir al Sahara, el Sahel, la Patagonia o el Gobi. En España tenemos pequeños rincones geográficos con unas singularidades ambientales que les otorgan la etiqueta de estepa árida, páramo o desierto. Y por unas horas podemos entrar en el fascinante juego de la exploración, navegar por cerros yesíferos plagados de endemismos botánicos, surcar ramblas cenicientas torturadas por la sed o deambular entre chimeneas de arenas rojas, naranjas, negras y plateadas.

Una tercera parte del planeta está ocupada por inmensas extensiones de territorios áridos o semiáridos, abiertos a la aventura y el descubrimiento. Lugares inhóspitos y temibles, incluso para sus propios habitantes, los paisajes desérticos han generado mitos y leyendas desde tiempos remotos y han despertado la pasión de viajeros, exploradores y conquistadores de todas las épocas. El desierto es un mundo de horizontes sin fronteras habitado por una eterna desolación, pero también es tierra de magia, revelación, leyenda y esperanza. Las zonas áridas son decorados diseñados por la naturaleza para provocar deseos insólitos y osadas travesías, destinadas a los viajeros actuales que anhelan transitar por los límites aterradores de las últimas soledades de la Tierra y poner a prueba su pericia aventurera, reconciliarse consigo mismo, encontrarse con las huellas de culturas milenarias o fortalecer el espíritu de asombro y misticismo.

Los desiertos, en cualquier latitud o continente, cálidos o fríos, extensos o diminutos, son un fascinante camino de inspiración, autodescubrimiento y contemplación para quienes se atreven a retar a su desgarradora inmensidad.La diversidad geográfica de nuestro país, situado entre los dominios del húmedo clima continental y los cálidos aires delMediterráneo, provoca que la mayoría de los destinos de turismo activo diseñados dentro del territorio español lleven a los excursionistas y ciclomontañeros a encantadores bosques de colores, verdes valles de montaña, hermosas cuencas fluviales decoradas con reluciente campos de frutales o bucólicos paseos por el quebrado litoral español. El inicio de la primavera es buen momento para conocer las representaciones paisajistas del clima mediterráneo desértico y subtropical árido que salpican nuestras geografías. Y la bicicleta de montaña es el medio ideal. Buenas reservas de agua en las cacharras, protectores solares y ganas de aventura son suficientes para jugar a explorar la mágica desolación de los territorios desérticos españoles.

Desierto de Tabernas

Punto de partida y llegada: Tabernas, en la provincia de Almería.

Distancia: 28,5 kilómetros

Nivel de dificultad: bajo.

Cota mínima: 290 metros.

Cota máxima: 640 metros.

Distancia no ciclable: 300 metros.

Desnivel positivo: 380 metros.

Apuntes: llevar agua para toda la ruta. Proteger ojos y piel de la radiación solar.

Acceso: desde Almería por la A-92 (Almería-Guadix) hasta el cruce de la N-340, girar a la derecha en dirección aMurcia y llegar al pueblo de Tabernas.

Los paisajes esteparios y volcánicos de Tabernas, Sorbas y Cabo de Gata, en la provincia de Almería, son los máximos exponentes de las regiones áridas de Andalucía. Almería es la provincia más “desértica” de la Península. Recorrer el impactante paisaje del desierto de Tabernas, en particular, es participar en la crónica del ser humano y su ingeniosa lucha por mejorar las técnicas de regadío, por hacer habitables unos territorios inhabitables y por tratar de comprender la ambigüedad de los grandes espacios libres que han seducido a la humanidad desde el principio de los tiempos. El pueblo de Tabernas se encuentra rodeado de geografías desérticas por los cuatro costados. Las sierras de Alhamilla, al sur, y los Filabres, al norte, dejan al desierto de Tabernas hundido en una desoladora sombra orográfica, impidiendo que los vientos de levante y las lluvias entren en el territorio. Los abundantes barrancos terrosos definen el paisaje de Tabernas y actúan de canalizadores de las avenidas de agua producidas por las lluvias torrenciales que aparecen en la comarca de vez en cuando.

La ruta sale de Tabernas por la calle principal hacia Almería. En las afueras, antes de llegar al cruce de la N-340, gira a la derecha por una pista asfaltada que pasa por debajo de la carretera y atraviesa la rambla de Tabernas, entrando sin remedio en el espacio geográfico del desierto. A los 2 kilómetros aparece una bifurcación junto a una plantación de chumberas. La ruta sigue por el carril de la izquierda en suave ascensión por un terreno pintado con los colores y texturas habituales en las geografías sedientas. En la siguiente bifurcación se toma el carril de la izquierda y pronto aparece una cancela a la altura del cortijo de las Bendiciones. Los cien metros de altitud superados desde el pueblo permiten tener unas vistas magníficas de la extensa rambla del Búho y el Llano de Benavides. El carril principal va dejando caminos secundarios mientras sube a todos los cerros de aspecto ceniciento que van apareciendo por las lomas y los collados. Las rodadas se convierten en un carril agrícola que termina en un cortijo con un depósito de agua. La ruta deja a la izquierda el edificio y continúa por las rodadas que recorren el borde del campo de labor hasta que desaparecen, pues son el acceso del dueño de la finca para cultivar la tierra, recorriendo a pie unos 300 metros por la cabecera de la rambla para subir al collado visible encima del talud del barranco. El recorrido toma la pista más empinada de la derecha y a los 200 metros gira a la izquierda por un largo y entretenido descenso que termina en los cortijos de Haza Blanca.

Los 8 km siguientes recorren el soberbio desfiladero de Valderecho. En varios pasos sólo hay sitio para las rodadas del camino. Antes de salir a la rambla de Tabernas se pasa cerca de uno de los escenarios de cine levantados en los años sesenta para filmar los populares “espagueti wester”. Los poblados están fuera de la rambla y no se ven desde el interior del cañón. Al desembocar en la gran rambla de Tabernas se gira a la izquierda por uno de los escenarios de pelis famosas como El bueno, el feo y el malo, La muerte tenía un precio, Con la muerte en los talones, Los diez mandamientos o En busca del arca perdida. La rambla pasa por debajo de la N-340 y llega a un cruce de caminos con indicaciones de los senderos de gran recorrido de las sierras del sur de Almería. El itinerario sigue el carril de la izquierda por la rambla de los Molinos, indicado con las marcas del sendero de gran recorrido GR-140 hacia Tabernas.

Desierto de las Bárdenas Reales

Punto de partida y llegada: paraje Castildetierra, en Arguedas, provincia de Navarra.

Distancia: 25,4 kilómetros.

Nivel de dificultad: bajo.

Cota mínima: 280 metros.

Cota máxima: 350 metros.

Distancia no ciclable: 0 metros.

Desnivel positivo: 140 metros.

Apuntes: información de la ruta en www.bardenasreales.es/parquenatural.htm

Acceso: N-232 Zaragoza-Logroño. En Tudela seguir las indicaciones de Arguedas y un kilómetro antes de llegar girar a la derecha hacia el parque natural. El acceso a Castildetierra se encuentra a 6,8 km. Continuar por el camino rural durante 3,7 km hasta el punto de partida.

Las Bárdenas Reales componen una fascinante combinación de barrancos, páramos, estepas, cerros testigos y relieves tabulares de gran interés geológico y paisajístico. El territorio del parque natural forma parte de la Unidad Geológica de la Depresión del Ebro y su origen es continental, construido por acumulación de yesos, arcillas, cantos, gravas y materiales margosos desde el Eoceno, hace 38 millones de años. La erosión ambiental ha ido esculpiendo los frágiles relieves definiendo tres grandes unidades geomorfológicas. El Plano es la meseta situada al norte de la Bárdena, de suelos duros y resistentes a la erosión. La Negra es el conjunto de relieves tabulares (horizontales) constituidos por calizas y areniscas que se levantan al sur y también muestran una dura resistencia a la erosión ambiental. La mayor parte del territorio está ocupado por la Blanca, la gran depresión central muy esculpida y desmenuzada por los agentes ambientales debido a la falta de materiales duros que puedan proteger las frágiles arcillas y margas limosas. En la Bárdena Blanca se encuentran las bad lands y los cabezos o cerros aislados que otorgan al paisaje un aspecto singular, protagonistas de multitud de películas, anuncios publicitarios y reportajes fotográficos. El promontorio más célebre de los paisajes bardeneros es el cerro de Castildetierra, donde comienza la ruta. En una pequeña porción de terreno se puede observar el proceso de modelado que están sufriendo las mesetas tabulares. Los cerros testigo, como Castildetierra, son montículos de arcilla que se han librado de la erosión completa porque están protegidos en la parte alta por algún tipo de material resistente de arenisca o caliza.

Antes de realizar cualquier actividad deportiva o turística en el interior de las Bárdenas Reales consultar la normativa y los caminos abiertos al público. En la página web del parque natural el itinerario se denomina Vuelta al Polígono. El nombre se refiere a un extenso campo militar que ocupa una parte de la Bárdena Blanca. La ruta sale del aparcamiento de Castildetierra en dirección sureste, dejando a la izquierda unas balsas de agua y el monumento al segador. Los relieves de la izquierda forman parte del Cabezo de las Cortinillas, magnífica expresión de cárcavas de varios colores en las laderas de los cerros y los cambisoles, que son los suelos utilizados para el cultivo por los campesinos locales. Un elemento etnográfico de interés en el paisaje bardenero es la abundancia de cabañas pastoriles, corrales y restos de la cultura trashumante que aparecen en multitud de rincones. El camino pasa por la entrada del polígono militar, atraviesa el barranco de los Hermanos y conecta con el trazado de la Cañada Real de los Roncaleses, donde aparecen los carteles de la ruta de BTT Gran Bárdena. El paisaje en este sector es bastante llano, surcado por un laberinto de barrancos secos y suelos ricos en sales y yesos donde abundan las matas de ontinas y espartos. El camino cambia de orientación y pasa por el Rincón de la Ralla, una pequeña meseta situada entre las paredes de la Ralla y el Cabezo de Sanchicorrota. La pista de tierra emprende el camino de vuelta rodeando el campo militar, deja a la derecha el desvío de Carcastillo y pasa por los desiertos del Truco y la Junta. Cada cambio de rasante es un descubrimiento de horizontes sugerentes y extrañas texturas geológicas. El tramo final ofrece una visión nueva del Cabezo de las Cortinillas, en el vado del barranco del mismo nombre, y poco después el popular cerro de Castildetierra. La elección de la ruta se debe a la singularidad de los paisajes y la calidad ambiental de la Bárdena Blanca, pero tiene el inconveniente de que las pistas están abiertas al tráfico y en determinados momentos hay que compartir el camino con los turistas motorizados.

Desierto de los Monegros

Punto de partida y llegada: Castejón de Monegros, en la provincia de Huesca.

Distancia: 23,5 kilómetros

Nivel de dificultad: bajo.

Cota mínima: 460 metros.

Cota máxima: 580 metros.

Distancia no ciclable: 0 metros acertando con el camino ciclable en las casas del Castellano.

Desnivel positivo: 230 metros.

Apuntes: recomendable mapa topográfico del IGN 1:50.000 (385)

Acceso: AP-2. Salida 3 Bujaraloz. Tomar la carretera de Sariñena, pasar La Almolda y seguir hasta Castejón deMonegros. Aparcar en la plaza de la Fuente, donde comienzan las rutas locales Camino Natural de Castejón deMonegros y Ruta de laMiel.

El singular paisaje de Los Monegros aragoneses es una extraordinaria representación de los ecosistemas esteparios peninsulares. Un completo y efectivo sistema de aprovechamiento de los recursos hídricos procedentes de las cuencas de los ríos Cinca y Gallego, mediante el Canal de Monegros, ha transformado el ambiente reseco e inhabitable de los desolados páramos monegrinos en fértiles vegas de cultivos, especialmente en los municipios oscenses. Las posibilidades de diseñar rutas beteteras son amplias y variadas. La ruta propuesta sale de Castejón de Monegros y discurre por los valles y serrezuelas que rodean la población, combinando las principales unidades paisajísticas que distinguen está inmensa comarca del Valle Central del Ebro. Castejón de Monegros es uno de los 49 núcleos de población que constituyen el territorio monegrino, fundado en época romana cerca de una caudalosa surgencia de agua conocida como La Madre, símbolo de la historia y la cultura rural del pueblo. El manantial se encuentra a un par de kilómetros de la población por un sendero señalizado que parte de la plaza de la Fuente, donde se encuentran el panel informativo de la ruta y otro cartel de la Ruta de la Miel, dedicada a otro de los recursos tradicionales de la comarca. El itinerario de nuestra ruta sale de la fuente en dirección al castillo de San Sebastián, levantado en el siglo XIII en la colina que domina el caserío, siguiendo el recorrido de la ruta local Camino Natural de Castejón deMonegros. En la fortaleza nace un camino con talanqueras de madera que lleva al mirador de San Fabián, donde se deja la ruta señalizada, tomando un carril a la izquierda hasta las casas del Castellano. En la pequeña loma que hay delante de los corrales se gira a la izquierda por un carril de mal firme que baja al Val de Zapata por un barranco de cultivos escalonados. Esta zona puede presentar problemas de orientación y ciclabilidad, pero las dos o tres posibilidades de descenso que surgen en el barranco llevan al Val de Zapata en pocos minutos. En el centro del vallejo se puede ver el manantial de LaMadre pero no tiene acceso desde este punto.

Una vez en el camino principal de Val de Zapata hay que girar a la derecha y a los 700 metros girar a la izquierda por el Camino de Valdecarros, dejando a la derecha la Ruta de la Miel. El firme es excelente y el paseo agradable en un entorno de colinas pobladas de viejas sabinas. El camino rural remonta el valle hasta la falda de la sierra de Lanaja y sale a una pista de tierra en los corrales de Miramón. En el cruce aparecen las señales del sendero de pequeño recorrido Ruta de los Miradores, con punto de partida en el pueblo de Monegrillo. La ruta gira a la izquierda, deja a la derecha el desvío del sendero de las marcas blancas y amarillas, y continúa por la pista principal hasta el cruce de la carretera Castejón-Monegrillo. Seguir de frente por la cuerda de la sierra de Farlé, entrando en el ecosistema forestal de los pinares que pueblan extensas zonas de las serranías monegrinas. A un kilómetro se atraviesa una pista forestal, manteniendo el recorrido por el cordal de la sierra. En la siguiente bifurcación se toma el carril de la derecha, con vistas magníficas de la Ribera Baja del Ebro, y dos kilómetros después se puede girar a la izquierda por un entretenido descenso que lleva a los campos agrícolas de Castejón.

Estepas del Tajuña

Punto de partida y llegada: Chinchón, en la provincia de Madrid.

Distancia: 29 kilómetros.

Nivel de dificultad: bajo.

Cota mínima: 510 metros.

Cota máxima: 780 metros.

Distancia no ciclable: 100 metros.

Desnivel positivo: 340 metros.

Apuntes: recomendable mapa IGN 1:50.000 (606).

Acceso: Autovía A-3. En el kilómetro 48 tomar la salida de Villarejo de Salvanés y seguir por laM-404 hasta Chinchón. El punto de partida es la explanada del castillo.

Chinchón es la población más conocida y popular de las parameras altas de la comarca de Las Vegas, en el sureste de la Comunidad de Madrid. El casco urbano está declarado conjunto histórico-artístico. Sobresale la espléndida plaza Mayor, de porte medieval, formada por viviendas de tres plantas, galerías adinteladas y balcones de madera, en total 234. La ruta comienza en la gran explanada situada delante del castillo de los Condes de Chinchón, o lo que queda de él, un buen lugar para aparcar y preparar las bicicletas con vistas del conjunto urbano y gran parte de las campiñas del municipio. El recorrido se aleja de la vieja fortaleza hacia el sur, por un agradable paseo de olmos, acacias y olivares que lleva al Parque Forestal Valquejigoso, formado por un frondoso pinar donde se encuentran varios manantiales naturales y un antiguo lavadero. El camino sale del hoyo donde están metidos los manantiales y conecta con un camino rural que recorre la estepa cerealista hacia el sur.

El carril mantiene rumbo sur y desciende del páramo por un tramo pedregoso y empinado rodeado de olivares, tomillos y lavandas. Al final de la bajada se gira a la derecha por un camino rural en dirección a Villaconejos. El ambiente es agrícola y campesino. El itinerario atraviesa el pueblo de Villaconejos de punta a punta, saliendo por el camino de la fuente de Villacabras. A 200 metros de la última casa aparece a la izquierda la Cueva del Fraile, excavada en el subsuelo de una colina hace 300 años por monjes carmelitas. El dintel de la entrada conserva la fecha y el escudo de la época. La ruta sigue el camino principal entre olivares y llega a la fuente de Villacabras, uno de los parajes más asombrosos de las parameras agrícolas de la comarca de Las Vegas. En la cabecera de la garganta brota un manantial de aguas medicinales, ricas en sulfato sódico y otras sales que se utilizaban como purgantes y para tratar afecciones cutáneas. En la parte superior del cantil quedan restos de las instalaciones que explotaron las minas de sales y dentro del cañón aparecen las bocas de las galerías inundadas de agua. En época de lluvias el agua precipita en el fondo del barranco y se forman costras de sal. El cañón desciende del páramo al valle del Tajuña entre paredes de yesos y espartos que superan los cincuenta metros de altitud, creando un paisaje único y singular que sirve de refugio natural a varias especies de flora y fauna. El itinerario sigue por la parte alta del barranco durante 800 metros, hasta que el carril cambia de dirección, y desciende por un sendero técnico al fondo del barranco.

El sendero del arroyo de Villacabras lleva al camino rural que recorre la vega del Tajuña, girando a la derecha por la base de los cortados yesíferos y las estepas de espartos que caracterizan el paisaje del valle madrileño. El próximo punto de interés es la Reserva de Fauna de la Laguna de SanJuan, 47 hectáreas de paraíso ornitológico. El camino sale a la carretera de Chinchón, gira a la izquierda y a cien metros toma el primer desvío a la derecha. Poco después aparece el carrizal de la laguna de Casasola, otro valioso humedal en el valle del Tajuña, cerca del castillo del mismo nombre. Y en el cruce de la ermita de San Galindo se gira a la derecha por el camino rural que asciende entre los cerros yesíferos del barranco de las Cárcavas, llegando a Chinchón por el cerro del Portillo. 

Páramo de Layna

Punto de partida y llegada: Layna, en la provincia de Soria.

Distancia: 20,5 kilómetros.

Nivel de dificultad: bajo.

Cota mínima: 1.110 metros.

Cota máxima: 1.250 metros.

Distancia no ciclable: 0 metros.

Desnivel positivo: 160 metros.

Apuntes: recomendable mapa de la zona IGN 1:50.000 (462).

Acceso: A-2. EnMedinacelli tomar la carretera deMaranchón y seguir hasta Layna.

El Páramo de Layna es un singular espacio natural ubicado en el territorio geológico de las zonas esteparias del Sistema Ibérico, un extenso conjunto de mesetas arrasadas y suaves penillanuras que forman el eslabón geográfico entre las estribaciones orientales del Sistema Central, en la sierra de Pela, y los pliegues de la montaña soriana que desencadenan en la cordillera Ibérica. En el paisaje del páramo dominan los relieves horizontales, de suelos rojizos y calcáreos, cubiertos por una interminable garriga de cambrón alternada con pastizales áridos, tomillos, enebros, lavandas y brezales endémicos. Por el origen etimológico de la palabra cambrón el Páramo de Layna se conoce también como Campo de Taranz, nombrado en dos versos del Cantar deMío Cid. En el transcurso del recorrido hay un tramo por la histórica ruta del Campeador cuando realizó su famoso destierro hacia las tierras del Levante. Los valores ambientales de la solitaria paramera han sido reconocidos por la Red Natura 2000 y declarados ZEPA y Lugar de Interés Comunitario en el año 2004.

El punto de partida es la plaza situada junto al frontón, delante de los tres carteles informativos del Sendero Ibérico Soriano GR-86, de la ruta del Camino del Cid y del espacio protegido, con un bonito panel ilustrado mostrando las aves esteparias que merodean en la zona, destacando una importante colonia sedentaria de alondra de Dupont que supera las cincuenta parejas, la segunda de Castilla y León. También hay aguilucho cenizo, chova piquirroja, cogujada montesina, sisón, escribano, alcaraván y suelen visitar el páramo de vez en cuando el águila perdicera y el milano real. La ruta sale del pueblo por la carretera en dirección aMedinaceli y a los 300 metros toma un camino a la izquierda que asciende por un pequeño cañón donde aparece un abrevadero para la ganadería extensiva. El carril supera la cuesta y entra en la estepa por la derecha de un campo agrícola. El horizonte no tiene límites. El páramo está surcado por multitud de carriles campesinos y es imprescindible seguir las referencias del mapa. El recorrido mantiene el rumbo y llega al fondo del páramo, girando a la derecha por un carril que pasa por una balsa y unos corrales de ganado. El suelo es rojo y arcilloso, un gran enemigo de las ruedas y el cambio cuando está mojado.Manteniendo el rumbo noroeste se atraviesa un tendido eléctrico y poco después la línea del AVE, en el sorprendente paraje delMojonazo, un fantástico mirador natural en el borde del páramo sobre un auténtico escenario geológico. A nuestros pies el hermoso valle del Pradejón y al fondo la villa deMedinaceli. La ruta cambia de dirección y sigue hacia el noreste por el Camino del Cid, girando a la derecha en la carretera. Nada más pasar el túnel del AVE se toma la carretera que desciende a Urex deMedinaceli por un bonito cañón calcáreo. El tramo restante entre Urex y Layna sigue el camino de tierra que recorre el valle del río Blanco, señalizado con las marcas rojas y blancas del GR-86 y del Camino del Cid. La llegada a Layna es por el Cerro Pelado, declarado Reserva Paleontológica Nacional. En el yacimiento se descubrieron los primeros fósiles europeos de micromamíferos de la era Terciaria.

 

El itinerario del Camino del Cid se basa principalmente en el relato épico del Cantar de Mio Cid. La ruta cidiana enlaza los escenarios y lugares nombrados en la popular canción de gesta, adaptando el recorrido a los lugares de interés, el trazado actual de caminos y carreteras, las limitaciones geográficas y los atractivos naturales. Los diferentes anillos, ramales y alternativas de las rutas visitan paisajes y poblaciones seguidos por el Cid Campeador y sus fieles caballeros durante el destierro narrado en el Cantar, al que fue condenado el héroe de la Baja EdadMedia en el año 1081, sin que tengan que coincidir necesariamente con el momento ni los parajes donde ocurrieron los acontecimientos históricos que tuvieron lugar en los territorios fronterizos entre moros y cristianos durante la segunda mitad del siglo XI.

La estructura del Cantar pertenece a los cantares de gesta de género épico que narran la vida y hazañas de un caballero medieval de una manera sencilla, llegando sin dificultad a gran parte de los oyentes, que conocían las andanzas de sus héroes y las venturas y desventuras de los nobles a través de la voz de los juglares en las plazas de los pueblos. El relato del Cantar deja a un lado la fidelidad histórica y verso a verso afloran al escenario de la Baja Edad Media personajes entrañables, nobles consejeros, niñas inocentes e ingenuas doblegando el rudo corazón del guerrero, monjes piadosos y amables; y entre todos, con el Cid al frente de todas las aventuras, el autor del relato elabora un mundo medieval de héroes y villanos plagado de sentimientos, costumbres medievales, gestas y realidades poéticas que llevarán al viajero cidiano por un Camino del Cid convertido en senda de conocimiento histórico, cultura popular, tradiciones, paisajes, arte y monumentalidad. El destierro de Rodrigo Díaz de Vivar tuvo lugar en el verano de 1081, momento en el que comienza el Cantar de Mío Cid y la aventura cidiana por los pueblos y paisajes de las ocho provincias que recorre el itinerario del Camino del Cid, desde Vivar del Cid, en Burgos, hasta Orihuela, en Alicante. A continuación muestro unas breves pinceladas de los cinco bloques principales del recorrido. En www.caminodelcid.org están todas las etapas detalladas, los mapas y los tracks para GPS, incluidos los ramales y anillos secundarios.

Hoja de ruta

Distancia: 1.430 kilómetros, con anillos y ramales.

Provincias: Burgos, Soria, Guadalajara, Zaragoza, Teruel, Castellón, Valencia y Alicante.

Firme predominante: caminos rurales de buen firme y asfalto.

Señalización: específica del Camino del Cid y marcas de senderos de gran y pequeño recorrido. La calidad de la señalización varía entre unas provincias y otras.

Bibliografía: El Camino del Cid. Juanjo Alonso. El País-Aguilar 2006.

Información de las etapas con mapas y tracks: www.caminodelcid.org

El destierro

Burgos-Soria-Guadalajara…Vivar del Cid/Atienza…275 kilómetros

La legua 0 del Camino del Cid está clavada delante de la fachada del Molino del Cid, en la población de Vivar del Cid. Los primeros versos del Cantar de Mio Cid están dedicados al momento en el que el Cid Campeador abandonó su villa natal y emprendió el camino del destierro. Varios siglos después los cicloviajeros del siglo XXI buscan las nostálgicas añoranzas del viejo mito castellano para lanzarse a la aventura y el conocimiento. El rey Alfonso VI decretó el destierro del Cid en el verano de 1081, ordenando al guerrero castellano abandonar las tierras de Castilla en el plazo de nueve días. Las primeras pedaladas de la gran aventura cidiana discurren por la glera del Arlanzón, en la ciudad de Burgos, donde un monolito recuerda la acampada del Cid y sus acompañantes en la primera noche de destierro. El monasterio de San Pedro de Cardeña es el siguiente hito de la ruta cidiana en la meseta del Duero, monumento cidiano emblemático y símbolo espiritual de los acontecimientos que envuelven al mito del Cid. La ruta recorre el valle del río Arlanza, cuna de la más vieja de todas las castillas, pasa por Santo Domingo de Silos y visita la gruta-santuario donde las hijas del Cid fueron ultrajadas y humilladas por los infantes de Carrión. En compañía del Duero se visitan las villas monumentales de San Esteban de Gormaz y El Burgo de Osma, se conquistan a golpe de pedal las murallas de Gormaz, de 714 metros de perímetro, y por las áridas y escarpadas geografías de la sierra de Pela desciende a los paisajes del antiguo señorío de Atienza, villa noble y arrogante durante la Edad Media.

Tierras de frontera

Guadalajara-Soria-Zaragoza…Atienza/Ateca…267 kilómetros

Rodrigo Díaz y sus hombres abandonaron las fronteras de Castilla en el plazo establecido. Las villas medievales de Jadraque, Hita, Guadalajara y Alcalá de Henares estaban repletas de atractivas mercancías, ganados y productos de la huerta. Los guerreros del Cid no dejaron escapar la ocasión y prepararon una algarada por la cuenca del Henares. La ruta cidiana deja la villa amurallada de Atienza y emprende la “cicloaventura invasora” de la antigua taifa de Toledo. La ruta pasa por Naharros y Robledo de Corpes, señalado por algunos autores como el lugar donde tuvo lugar la Afrenta de Corpes. La ruta deja la Serranía y entra en la Campiña guadalajareña por Jasdraque, famosa por el popular castillo “del Cid”, los asados de cabrito y las esculturas de alabastro. En Castejón de Henares comienza el ramal de la Algarada de Álvar Fáñez, recorriendo pueblos, campos y villas del valle del Henares hasta Guadalajara. El Parque Natural de la Hoz del Río dulce es uno de lo parajes naturales más hermosos de las primeras etapas cidianas. Las torres y murallas del castillo de Pelegrina emergen en ruinas en la cúspide de un cerro pedregoso rodeado por la bella naturaleza fluvial de la garganta del río Dulce. En Sigüenza se recuperan fuerzas para salvar los páramos del alto Tajuña y por Anguita yMaranchón saltar al valle del Jalón.

Las tres taifas

Zaragoza-Guadalajara-Teruel…Ateca/Cella…289 kilómetros

Las evocaciones cidianas se sumergen en los fértiles y ricos “caminos del agua” de las vegas del Jalón y el Jiloca, importantes vías de comunicación de todos los tiempos entre Castilla y el valle del Ebro. Según los versos del Cantar el Campeador y sus huestes sometieron al pago de parias y tributos a las poblaciones del reino taifa de Zaragoza, regido por el monarca al-Muqtadir. La plaza de Alcocer, ubicada en un paraje incierto a orillas del Jalón cerca de Ateca, se negó a pagar al guerrero castellano, desencadenando una de las batallas más duras y sangrientas narradas en el Cantar. Las localidades del valle del Jiloca, protegidas por torres y murallas durante la Edad Media, ofrecen al cicloturista una extraordinaria selección de paisajes, cultura popular y arte mudéjar.

En el verano del año 1084 el Cid tomó la ciudad de Valencia pero aún tardó varios años en consolidar su pequeño “imperio” en el Levante peninsular. En el 1097 conquistó Almenara y un año después la inexpugnable fortaleza musulmana de Murviedro (Sagunto). Cuando estuvo adecuadamente instalado envío a varios de sus mejores guerreros al monasterio de Cardeña en busca de Jimena y sus hijas, Cristina y María, doña Elvira y doña Sol en el Cantar, acordando su matrimonio con los infantes de Carrión, sin saber que estos pretendían escarnecer a las dos jóvenes para vengarse de las burlas que habían sufrido por parte de los caballeros del Cid, quienes pusieron en evidencia la falta de valor en el combate y las malas intenciones de los infantes en varias ocasiones

Sometido a parias el valle del río San Martín y acordados tratados en varias plazas de la cuenca alta del Jiloca, el Cid del Cantar decidió dejar el campamento de El Poyo y marchó con sus hombres a las tierras del Maestrazgo en busca de fama y fortuna, estableciendo un sólido campamento en el pinar de Tévar, un paraje de ubicación imprecisa cerca de Morella, donde preparó varias incursiones a las tierras de Alcañiz y Huesca. Los puertos del Maestrazgo fueron un importante centro de operaciones militares para el Campeador, derrotando en dos ocasiones al conde Ramón Berenguer de Barcelona, aliado del rey musulmán de Zaragoza, y también al rey aragonés Sancho Ramírez, que luchaba junto al ejército del rey moro de Lérida Al Hachib. Pero ni árabes ni cristianos consiguieron expulsar al Cid de los montes del Maestrazgo, un territorio serrano ideal para el cicloturismo de alforjas.

La conquista de Valencia

Teruel-Castellón-Valencia…Cella/Valencia…245 kilómetros

Las últimas etapas cidianas recorren los escenarios donde tuvieron lugar los acontecimientos bélicos y las hazañas más importantes del Cid durante la campaña de Valencia. En el año 1087 el rey Alfonso VI perdonó a Rodrigo Díaz y le pidió que volviera a Castilla, recuperando todos sus bienes y privilegios. El Campeador aceptó la reconciliación y la primera orden que recibió fue ponerse al frente de las operaciones para conquistar la gran ciudad mediterránea que estaba bajo la enseña del Islam, dando un buen pisotón al poderío almorávide en la Península. El asedio de Valencia duró varios años, ocasionando duras batallas y extrañas alianzas en la franja levantina y la taifa de Zaragoza. En 1094 el cadí musulmán ibn Yahhaf se rindió al ejército cristiano después de resistir un fuerte acosó de seis meses, entregando definitivamente la plaza amurallada de Valencia al Cid.

La defensa del sur

Valencia-Alicante…Valencia/Orihuela…244 kilómetros

La ruta cidiana deja la ciudad de Valencia por el trazado de la Vía Augusta y completa la aventura cicloturista en la villa alicantina de Orihuela. La Historia Roderici narra los acontecimientos que llevaron a Alfonso VI a desterrar por segunda vez al Cid. En el año 1088 las tropas almorávides de Yusuf sitiaron la plaza murciana de Aledo, que se encontraba bajo la protección del monarca cristiano. El rey leonés envió mensajeros al Cid para reunirse con él en Villena y juntos acudir a defender la población. Por algún motivo que no determinan las crónicas medievales Rodrigo llegó varios días tarde a la cita y no encontró a su señor, continuando la marcha hacia Hellín. Alfonso VI, aconsejado por los enemigos cortesanos del Campeador, consideró el “plantón” un acto de traición y decretó el segundo destierro del infanzón de Vivar.

 

Cascadas, torrentes de montaña, meandros fluviales, humedales salinos y geografías cársticas modeladas por la acción química del agua forman parte esta particular propuesta de destinos primaverales. Desde las playas nudistas de Ibiza a las cumbres desnudas de los Picos de Europa; sumergidos en un bosque de leyenda de los Oscos astures o siguiendo el planeo de una cigüeña negra en las cuarcitas deMonfragüe; perdidos en el encanto aterciopelado de una pradera de edelweiss o buscando pozos de nieve en las sierras de Grazalema. Preparar los cinco sentidos, dejaros llevar por la excitante provocación de la primavera y elegir ruta para los próximos días.

Cascada de la Seimeira

La lejanía y el aislamiento secular en los confines del occidente asturiano obligaron a los campesinos de Oscos a llevar una forma de vida autárquica e independiente, sujetos a su propia capacidad de aliarse con el medio ambiente, construyendo ferrerías, mazos, molinos y otros ingenios hidráulicos en los cauces de los ríos para aprovechar los recursos naturales. Agua, fuego, piedra y madera son los pilares del mundo rural de los Oscos, la inspiración de sus tradiciones, los cimientos de la cultura popular y los elementos que moldean el paisaje. La ruta de la Seimeira es un apacible paseo por el frondoso valle fluvial del río Agüeira, visitando una antigua aldea abandonada, un bosque con leyenda y un salto de agua de 30 metros de altura, conocido como “seimeira”, el nombre de las cascadas en asturiano occidental, que es un dialecto del bable o llingua asturiana. El camino parte del área recreativa de Pumares, antigua aldea de ferreiros, y está señalizado con las marcas del PR-AS-116.  El lugar con más encanto de la ruta es el Valle del Desterrado. Un cartel con una leyenda local indica el lugar, envuelto en la magia de un bosque de vetustos árboles centenarios.

Punto de inicio y llegada: Santa Eulalia de Oscos (Asturias).

Distancia: 6 kilómetros.

Agua: no hay.

Desnivel positivo: 110 metros.

Tiempo: 2 horas y media.

Principales formaciones: robles y bosque de ribera.

Cartografía: IGN 1:25.000 49/I.

 Acceso: Desde Oviedo por la carretera del Cantábrico (A-8 y N-634). En Vegadeo continuar por la AS-11 hasta el puerto de la Garganta y seguir las indicaciones a Santa Eulalia de Oscos.

Collado Jermoso

El escarpado ambiente del collado Jermoso es uno de los parajes más sorprendentes y espectaculares del Macizo Central de Picos de Europa, un balcón fantástico del valle de Valdeón y paso obligado de los montañeros que afrontan la travesía de los pasos del Llambrión hacia los Urrieles, apoyados por la atrevida presencia del refugio Diego Mella. La audaz “guarida” está colgada en el collado Jermoso, un lugar estratégico entre el valle cántabro del río Deva y el leonés de Valdeón, en un sector geográfico de notable interés montañero y a una altitud considerable, cerca de montañas, cumbres y canales que superan los dos mil metros de altura. La Vega de Asotín es un bucólico prado de montaña aprisionado en un mundo de rocas verticales, completamente pulidas y descuartizadas por el agua y las inclementes fuerzas de la naturaleza, un remanso en el vigoroso paisaje de las montañas calcáreas de los Picos. El paso clave del itinerario es el tramo entre Las Colladinas y Vega de Liordes por los Sedos de la Padierna, un territorio rico en fósiles y vistas panorámicas. En los Picos llaman sedos a los pasos escarpados que salvan zonas rocosas donde es obligado ayudarse de las manos o tallar repisas para los pies.

Punto de inicio y llegada: Cordiñanes (León).

Distancia: 15 kilómetros.

Agua: en el refugio Diego Mella y la Canal del Congosto.

Desnivel positivo: 1.340 metros.

Tiempo: 5 horas y media.

Principales formaciones: hayedo de Asotín y relieve cárstico de alta montaña.

Cartografía: Macizo Central y Oriental 1:25.000 Adrados.

Acceso: Cordiñanes se encuentra a 3 kilómetros de Posada de Valdeón en dirección a Caín.

Desfiladero del río Ayuda

Las geografías de Treviño reservan sorprendentes atractivos naturales a los escasos visitantes que recibe. Encrucijada de caminos y vías naturales de comunicación, esconde en sus antiguos territorios valiosos restos arqueológicos, monumentos de notable interés artístico y parajes de gran calidad ambiental. El desfiladero del río Ayuda, entre Okina y Sáseta, es uno de los lugares más atractivos del patrimonio natural. El río nace en los Montes de Vitoria y entra discreto por los relieves orientales del territorio para regar los poco más de 30 kilómetros de extensión regional que forman el Condado de Treviño, una “isla” burgalesa rodeada completamente por la provincia de Álava. El río no quiere destacar en los yermos y boscosos relieves y se esconde en un valle solitario, sumergido en frondosos hayedos y robledales. La morfología del desfiladero no presenta grandes escarpes rocosos ni paredes vertiginosas. El principal encanto del cañón es la densa riqueza botánica. Hayas, robles, fresnos y arces cobijan el lecho del río. Y bosquecillos de quejigos, enebros y boj tapizan las laderas del valle. La joya forestal es un grupo de tejos centenarios en el barranco de Arangacha.

Punto de inicio y llegada: Sáseta (Condado de Treviño-Burgos).

Distancia: 10,4 kilómetros.

Agua: no hay.

Desnivel positivo: 370 metros.

Tiempo: 4 horas y media.

Principales formaciones: hayedos, robledales y tejos.

Cartografía: IGN 1:25.000 138/IV.

Acceso: Por la AP-1. En La Puebla de Arganzón seguir las indicaciones de Treviño, pasar la capital de la comarca y en Albaina tomar el desvío de Markinez y Urarte. El cruce de Sáseta está en la población de Urarte.

Faja de las Flores

El valle de Ordesa es un paisaje de culto. Las montañas escalan espacios invisibles y se quedan colgadas en unas dimensiones inalcanzables, modeladas por primitivos glaciares y vientos helados. Las paredes calcáreas crean enormes escalones de oscuros fragmentos geológicos sobre tupidos bosques de hayas, pinos silvestres y abetos. A los encantos naturales de la alta montaña pirenaica se une la presencia de los simpáticos sarrios o rebecos, las chillonas marmotas, los planeos del quebrantahuesos, el águila real, las aterciopeladas edelweiss y el placer de formar parte de un paisaje único en el mundo. Una ruta panorámica y excitante en estas maravillosas montañas es la Faja de las Flores, una brecha tallada en las alturas del macizo del Gallinero entre los circos de Cotatuero y Carriata. En los tramos expuestos el sendero tiene un par de metros de anchura, y varios cientos de metros de caída libre, pero en ningún momento se pasan apuros por el vértigo o los resbalones, siempre que se camine con prudencia y sentido común. El camino tiene un trazado horizontal en la cota de altitud 2330 y un desnivel de mil metros hasta el aparcamiento del valle de Ordesa. El espectáculo está asegurado.

Punto de inicio y llegada: aparcamiento del valle de Ordesa. (Torla-Huesca).

Distancia: 12 km. Es imprescindible tener experiencia en vías ferratas para superar las clavijas de Cotatuero.

Agua: en los circos de Carriata y Cotatuero.

Tiempo: 5 horas.

Desnivel positivo: 980 metros.

Principales formaciones: prados subalpinos, bosques de coníferas y caducifolias, cascadas, barrancos fluviales y vegetación ripícola.

Cartografía: Ordesa y Monte Perdido 1:40.000 Alpina.

Acceso: Desde Huesca por la N-330 hasta Sabiñánigo, seguir hasta Biescas y tomar la dirección de Torla salvando el puerto de Cotefablo. En verano el acceso es restringido y se sube en autocar desde Torla.

Parque Nacional de Monfragüe

El Parque Nacional de Monfragüe, en la provincia de Cáceres, es el último parque nacional declarado en España. Las sierras, valles y dehesas de Monfragüe son una referencia imprescindible de diversidad y ecosistemas forestales, una extraordinaria combinación de bosque y matorral mediterráneo, roquedos de cuarcitas y pizarras, arroyos de montaña poblados de bosques ribereños y una variada vida animal, con presencia de 280 especies de vertebrados y representación de especies emblemáticas de la fauna ibérica, como el buitre negro y leonado, el águila imperial, la bella cigüeña negra, el lince, el búho real, la nutria, el martín pescador o el cormorán. La excursión del arroyo Malvecino y el mirador del Cerro Gimio es una excelente introducción a los paisajes serranos de Monfragüe. La ruta comienza en Villarreal de San Carlos, frente al edificio del Centro de Recepción, donde se puede pedir información del espacio natural y el folleto de las tres rutas señalizadas dentro del parque. El itinerario es circular y se puede realizar en cualquier sentido, pero es recomendable seguir la dirección indicada para superar los 150 metros de desnivel positivo que tiene la ascensión al pico por la pendiente suave.

Punto de inicio y llegada: Villarreal de San Carlos (Cáceres).

Distancia: 7 km.

Agua: en el arroyo Malvecino.

Tiempo: 2 horas y media.

Desnivel positivo: 200 metros.

Principales formaciones: monte mediterráneo.

Cartografía: IGN 1:25.000 623/III.

Acceso: Desde Cáceres por la autovía A-66 dirección Plasencia durante 67 km. Tomar el desvío de la autovía EX-1 durante 4,4 km. Continuar por la EX-208 en dirección a Villarreal de San Carlos.

Nacimiento del río Manzanares

El Alto de las Guarramillas es una de las montañas más populares de la sierra de Guadarrama por albergar en la cumbre las instalaciones de unas antenas de telecomunicaciones, conocidas por los montañeros locales como “los cohetes de la Bola”. Ascender a la célebre Bola del Mundo por la cuenca alta del río Manzanares y el Ventisquero de la Condesa supone una buena jornada excursionista, con todos los ingredientes de las grandes rutas montañeras: variedad de ecosistemas naturales, desnivel, vistas panorámicas y hermosos paisajes alpinos. La ruta sale del collado de Quebrantaherraduras, espléndido mirador de los originales canchales graníticos de La Pedriza, y desciende por la senda señalizada que atraviesa la carretera, esquivando pinos, cipreses de Arizona, jaras, tomillos, romeros, cantuesos y algunas encinas que recuerdan el ambiente mediterráneo de algunos rincones de la cuenca alta del río Manzanares. En Canto Cochino se atraviesa el puente del Manzanares y se sigue la orilla del río hasta su nacimiento, en los prados subalpinos del Ventisquero de la Condesa, pasando por el paraje de Los Chorros o Baños de Venus, una zona de pozas, cascadas y lanchas de roca.

Punto de inicio y llegada: collado de Quebrantaherraduras (Manzanares el Real-Madrid).

Distancia: 24 km.

Agua: fuentes y arroyos.

Tiempo: 8 horas y media.

Desnivel positivo: 1.420 metros.

Principales formaciones: torrentes de montaña y prados subalpinos. Ejemplares aislados de pino silvestre centenarios.

Cartografía: Pedriza de Manzanares 1:25.000 Alpina.

Acceso: Desde Madrid por la M-607 hasta Colmenar Viejo, seguir indicaciones a Manzanares el Real y Parque Regional de la Cuenca Alta del Manzanares. Acceso restringido a un número determinado de vehículos.

Poyos de la Mesa

Los aficionados a la vida salvaje no olvidarán las espectaculares escenas de un episodio de la popular serie de televisión El hombre y la tierra donde un poderoso ejemplar de águila real despeñaba una cría de muflón por una impresionante muralla de acantilados calcáreos. El lugar elegido por el maestro del documental de naturaleza Félix Rodriguez de la Fuente para grabar la sobrecogedora escena fue el Parque Natural de Cazorla, Segura y Las Villas y el paraje los Poyos de la Mesa, una enorme meseta de relieves cársticos rodeada de vertiginosas paredes calizas. El soberbio macizo de los Poyos de la Mesa es un páramo impresionante cubierto por una costra de áspero lapiaz construido por la caprichosa acción química del agua en la cabecera del valle del Guadalquivir. Las enormes paredes calizas emergen despiadadas sobre los primeros torrentes del gran río andaluz, encima del puente de las Herrerías. Una leyenda cuenta que el puente fue construido en secreto y en una sola noche, en 1489, para facilitar el paso de Isabel la Católica cuando viajaba camino de Baza para socorrer al rey Fernando del acoso musulmán. Otra versión habla de antiguas explotaciones de hierro que suministraban mineral a varias ferrerías distribuidas en el cauce del río.

 Punto de inicio y llegada: Nava del Espino (Cazorla-Jaén).

Distancia: 10 km.

Agua: fuente de la Garganta.

Tiempo: 4 horas y media.

Desnivel positivo: 250 metros.

Principales formaciones: bosques de pino silvestre y acantilados calcáreos singulares.

Cartografía: Sierra de Cazorla 1:40.000 Alpina.

Acceso: En Cazorla (Jaén) seguir por la carretera de la sierra hasta Vadillo Castril y tomar la dirección Nava de San Pedro. El asfalto termina antes de coronar el puerto del Collado Verde pero el firme es bueno. Nada más comenzar el descenso hacia la Nava de San Pedro aparece a la derecha la pista forestal de la Nava del Espino.

Cabo del Halcón

El espacio natural de las salinas de Ibiza y Formentera es un área protegida por el Gobierno Balear desde 1988. Constituye una zona húmeda de estanques salinos, playas dunares, bosques de pino marítimo y acantilados costeros en las dos islas menores de las Baleares, incluyendo los islotes de Es Freus, un afilado brazo de mar que separa Ibiza de Formentera. Cartagineses y romanos explotaron los recursos salinos de los pantanales ibicencos hace más de dos mil años. En la actualidad se mantiene la producción industrial en las salinas situadas al norte del Puig des Falcó, donde se almacenan las inmaculadas pirámides de sal entre los canales y el pinar. La ruta sale de Sa Canal, el puerto de embarque del mineral de sal con destino a otras ciudades europeas, y recorre los bosques del Puig des Falcó para dar un paseo por las salinas de la playa de Es Codolar, punto de reunión de pequeños grupos de flamencos, garza real, garza imperial y zampullín cuellinegro, una especie migratoria que está sustituyendo estacionalmente a las grandes comunidades de flamencos que visitaban los humedales de las Pitiusas. En el camino de vuelta a Sa Canal el itinerario recorre los bravos acantilados del cabo del Halcón (Cap des Falcó).

Punto de inicio y llegada: Sa Canal (Ibiza-Islas Baleares).

Distancia: 10 km.

Agua: no hay. En Es Codolar hay un restaurante.

Tiempo: 3 horas y media.

Desnivel positivo: 270 metros.

Principales formaciones: acantilados costeros y garriga balear. Humedal en los esteros de las salinas.

Cartografía: IGN 1:25.000 798/IV.

Acceso: Desde Eivissa por la carretera del aeropuerto. En Sant Jordi de Ses Salines tomar la dirección de Sant Frances de s’Estany y continuar hasta Sa Canal, al final de la carretera.

Sierra de Grazalema

Las serranías gaditanas constituyen un puente natural y ecológico ente Europa y África, acogen ambientes climatológicos y ecosistemas del Atlántico y el Mediterráneo y dibujan un escenario excepcional para las actividades de ocio activo. El Parque Natural de la Sierra de Grazalema es un heterogéneo macizo de pequeñas sierras que forman parte de la Cordillera Bética y de su dilatado sistema geológico, incluido dentro de los límites de Andalucía, la Baetica romana renombrada por los árabes en el siglo VIII como al-Andalus. Los escenarios cársticos elegidos para nuestra ruta forman parte de la sierra del Endrinal, un complejo y variado macizo montañoso sobre el blanco caserío de Grazalema, refugio en tiempos no muy lejanos de los bandoleros más buscados de Andalucía. El itinerario recorre un paisaje de violentas estructuras montañosas encajadas en una distorsión geológica de torreones calizos, afiladas crestas y praderas alpinas pobladas tomillos, ajedreas, salvia, eneldos, coronillas, jaras, madreselvas y los llamativos tallos de eléboro, que llegan a superar el metro de la altura, aportando una nota de color en el agrio desamparo rocoso de la sierra a partir de primavera y durante todo el verano.

Punto de inicio y llegada: Camping Tajo Gordillo (Grazalema-Cádiz).

Distancia: 6,1 km.

Agua: en el puerto del Boyar.

Tiempo: 3 horas y media.

Desnivel positivo: 380 metros.

Principales formaciones: relieves cársticos y flora de montaña.

Cartografía: Sierra de Grazalema 1:40.000 Penibética.

Acceso: Desde Cádiz por la AP-4 y Arcos de la Frontera hasta El Bosque, seguir por la A-372, pasar por Benamahoma, subir el puerto del Boyar y bajar a Grazalema. El camping Tajo Rodillo se encuentra en la entrada de la población.

Santamera es un pueblecito de la Serranía de Guadalajara que está escondido en un desfiladero del río Salado. El lugar es muy tranquilo y acogedor, un pequeño paraíso rural que todo el mundo querría tener para perderse de vez en cuando. La iglesia está chula y también conserva varios edificios típicos de la arquitectura serrana de la zona. Uno de ellos parece una torre defensiva medieval que vigila la entrada de un hermoso cañón calcáreo, que ha sido el principal motivo para visitar el pueblo.

La hoz del río Salado forma una sucesión de cuchillares, bóvedas y grandes escalones con varias zonas de escalada deportiva y una ferrata llamada Escaleras al Cielo, una de las pocas vías “de hierro” reconocidas en Castilla La Mancha. El camino de metal comienza al lado del cementerio, en la entrada del cañón, sube en travesía por unos resaltes y alcanza la popular ecalera vertical que da nombre a la vía. En la entrada hay un cartel con las recomendaciones de uso.

Los peldaños de metal terminan en la cresta del cuchillar y el quipamiento continúa por el filo de roca con unas vistas magníficas de la garganta del río Salado, la muela del Alto del Cuerno y las casas del pueblo. El descenso se realiza a pie por una senda muy clara.

En las paredes calizas del desfiladero también hay varias vías de escalada deportiva bastante bien equipadas y modernas. En algunas pone el nombre y el grado al pie de vía. El paraje es fabuloso para ir en familia. En el pie de vía hay arroyo, praderas y paseos agradables .

El carril que recorre el cañón sigue la orilla del río Salado hasta el embalse del Atance y se pueden hacer un interesante recorrido en bicicleta de montaña por Viana de Jadraque hasta el río Henares y usar los caminos rurales para volver a Santamera.

Cerca de Santamera hay varias salinas tradicionales que durante siglos estuvieron produciendo sal hasta que llegó el declive de la industria rural. Las más populares son las salinas de Imón. Cerca de Santamera están las salinas de Gormellón y también son interesantes las salinas de Olmeda.

Santamera, un pequeño paraíso del ocio activo, los paseos rurales y cultura popular a travé de la etnografía y la arquitectura tradicional. 

La experiencia enseña que en el transcurso de un raid, como de otras muchas cosas de la vida, “hasta el rabo todo es toro”, es decir, hasta pasar la línea de meta puede ocurrir cualquier cosa y no hay que desilusionarse por los fracasos ni hacerse ilusiones con los éxitos. En cualquier momento puede ocurrir un imprevisto y cambian completamente los acontecimientos. En la segunda sección del Tierra Viva comprobamos que los horarios propuestos por la organización para completar cada tramo solo eran cumplidos por el equipo de Nueva Zelanda. El resto somos seres humanos normales y corrientes, personas de este planeta que necesitamos descansar, dormir, sentir, regenerar la motivación, disfrutar del entorno, convivir y asimilar la experiencia. Hemos viajado a la otra parte del mundo y tenemos que intentar aprovechar cada minuto. El ritmo vital y emocional en el Tierra Viva es muy especial, una manera de sentir la vida y las aficiones deportivas que no se tiene durante la rutina cotidiana. Y hay que mantener el ánimo y la ilusión hasta el último instante aunque la naturaleza imponga su ley destructora y desafiante, como nos ocurrió en la última noche del raid en la montaña del Cerro Chapelco.

Llegamos al Camp Central de SanMartín procedentes de Quilanlahue a primera hora de la mañana del viernes. Las doce horas previstas por la organización para la última sección de treking fueron en nuestro caso veinticuatro. La meta del Tierra Viva se cerraba el sábado a las doce de la mañana y nos quedaban dos secciones para completar el recorrido previsto por el director de la carrera. Una remada en el lago Lácar y una larga travesía en bicicleta en las sierras del Cerro Chapelco y otros laberintos rurales del valle de SanMartín. La sección de kayak estaba condicionada por el horario impuesto por Prefectura deMarina para remar únicamente con luz solar, de modo que solo teníamos tiempo de hacer una sección y para asegurar elegimos la bicicleta que no tenía ningún tiempo de corte. En la caseta de la organización sellamos una casilla más en el pasaporte de carrera y vimos los mapas de la travesía ciclista. Calculamos unos cien kilómetros por caminos rápidos y sencillos y quedamos con nuestros amigos Joan y Joel en cenar juntos esa noche y celebrar el final del desafío. En aquel momento de euforia y satisfacción por ver que el reto estaba casi cumplido no encontramos ningún inconveniente que impidiese cumplir la cita. Y claro, en vista de unos planes tan firmes y eficaces metimos en la mochila la comidajustapara una parada de avituallamiento en todo el día. La hamburguesa estaba asegurada por la noche en algún italiano de SanMartín.

A un par de kilómetros del campamento paramos en un bar a tomar café, y bollos, y más café…y nos hubiésemos quedado toda la mañana disfrutando de los placeres de la vida pero teníamos que buscar cuatro PCV en bicicleta y terminar la aventura deportiva que empezamos cinco días antes. Atravesamos la ciudad de SanMartín de los Andes de punta a punta y pasamos por el embarcadero del lago Lácar, donde esperaban los kayaks, las velas y el equipo de remo. Y allí siguieron esperando…. La primera parte de la travesía ciclista seguía la carretera de Bariloche por la orilla del lago hasta un desvío a la derecha que llevaba al centro turístico de Puerto Bruno. El mapa de la sección de bici era en escala 1:100.000 y no se apreciaba bien el duro cuestalón que subimos para rodear un cerro que estaba pegado a la orilla del lago y después bajar varios kilómetros hasta el punto de control. El cartelito de la foto estaba en un muelle de la orilla que parecía un club náutico con mucho ambiente y animación. Todo el mundo estaba contento y disfrutaba del bello paisaje menos nosotros, que nos tocaba remontar la dura cuesta que acabábamos de bajar a toda velocidad. Y lo peor no era el desnivel, porque a estas alturas la paciencia era nuestra mejor aliada. El amargor emocional fue por la lluvia que comenzaba a caer muy finita e intermitente. Caía un rato y nos empapaba, paraba y la ropa se secaba, volvía a llover y otra vez tapados hasta la coronilla. Así durante la hora que tardamos en subir de nuevo a la carretera de Bariloche. Y como no quedaba más remedio que aclimatarnos apretamos bien el manillar y a chupar cuneta en fila hacia la estación de esquí del Cerro Chapelco.

Nada más salir a carretera aparecieron Joan y Joel, en coche claro. Les acompañaba Tao, un fotógrafo de la organización que compartió con ellos un par de días de carrera.Mientras uno conducía los demás hacían fotos, grababan vídeo y no paraban de animar. La carretera picaba para arriba durante bastantes kilómetros y resultaba entretenido estar pendientes de ellos y escuchar los comentarios desde el coche cuando pasaban a nuestro lado. Su ritmo era parar de vez en cuando en un paraje “fotogénico” y acribillarnos a fotos. Después nos adelantaban de nuevo y repetían la jugada. Ellos también tendrían una buena historia que contar de su raid particular.

El frío y la lluvia minaban poco a poco la moral y el sentido del humor de los cuatro y nos consumían la energía. Giramos en el desvío de la estación de esquí por una pista magnífica de ripio y llegamos a la base de las pistas que forman el centro esquiable más importante de SanMartín de los Andes. La tarde estaba muy gris y lluviosa. Los planes no estaban saliendo como teníamos previsto pero solo había un camino y conducía a la zona más alta de aquel monte cubierto de brumas y lluvias. Nuestros amigos seguían cerca de nosotros por la pista principal de la estación en el coche. El camino era cada kilómetro más empinado y al final solo funcionaba el plato pequeño. El PCV estaba enseguida, en una curva de la pista cerca de unos apartamentos de montaña. La lluvia era constante y tomamos la foto sin hablar, sin sonreir y sin rechistar por la noche infernal que se estaba montando en la atmósfera. Joan, Joel y Tao dieron la vuelta y volvieron al campamento. En la despedida dijimos que la cita para cenar seguía en pie. La idea era subir al PCV de la montaña en un par de horas y bajar a toda velocidad al campamento por la otra vertiente. Pero ¡¡cómo engañan los mapas 1:100.000!!

El agua de la lluvia siempre termina colándose por todos lados y al final estábamos completamente empapados y helados. Y justo en el peor momento. La pista principal terminó en la parte alta de la estación y según el mapa debíamos hacer un cambio de rumbo de noventa grados por otra pista secundaria para salir de aquel laberinto. Una niebla densa y pesada se metió en la montaña y era imposible ver el camino. Perdimos altura para salir de la niebla y buscar alguna alternativa pero la noche estaba muy cerrada. En el mapa solo aparecía una pista, que era el camino que debíamos seguir, pero en el terreno había rodadas y carriles de vehículos por todos lados. Era una locura. Intentamos de nuevo un escape para salir del territorio de los remontes pero ningún camino llevaba el rumbo correcto. En un ataque de desesperación perdimos el control en la niebla y al dar la vuelta para volver a perder altura no encontramos el camino.Más bien, cada uno decía que era por un lado. Durante una hora navegamos sin rumbo en una niebla desconcertante y al final decidimos bajar definitivamente a los edificios de la estación para buscar refugio y recuperar la energía, la moral y el control.

La suerte es de quien la busca pero nosotros encontramos lo que más necesitábamos sin buscarlo. En la huída de las nieblas, el frío y la lluvia bajamos bastante y vimos un edificio con luces encendidas, con la “suerte” que era la caseta del vigilante de la estación. El hombre se esforzó en explicar un camino que podía sacarnos de allí y pasar a la vertiente donde estaba el PCV, y también intentaba darnos mate porque decía que el mate es bueno para todo, mientras se golpeaba el pecho con la mano. Y bebimos aquel mate amargo por si acaso, aunque para salvar la noche necesitábamos una pócima bastante más fuerte para romper el hechizo infernal. Pero lo mejor fue el radiador que mantenía caliente los cinco metros cuadrados de la caseta. En quince minutos secamos casi toda la ropa y salimos pitando de nuevo hacia la montaña. El vigilante nos acompañó hasta el inicio de una vereda que debía llevarnos sin complicaciones por su variante, y nos llevó durante un rato, hasta un paraje llamado Pradera del Puma, el último nombre propio de esta aventura patagónica.

La Pradera del Puma es un pequeño circo colgado en la falda de la montaña que tiene un remonte y un edificio en ruinas. La primera vez que llegamos al lugar miramos por encima y seguimos por un carril que seguía subiendo la ladera del bosque. La niebla seguía dura, impenetrable y fastidiosa, pero teníamos que intentarlo. Las explicaciones del vigilante parecían muy claras y evidentes. Seguimos el carril un par de kilómetros. En varios tramos era imposible pedalear y empujábamos la bici con muchas ganas de ver descender la traza del camino. Y de nuevo el camino llevaba a rumbos imposibles. Bajamos dos veces a la Pradera del Puma pata retomar el rumbo y buscar el desvío fantasma, y dos veces volvimos a dar marcha atrás porque no aparecía la ruta que debíamos seguir. Las fuerzas flaqueaban, no teníamos comida porque la cena estaba esperando en SanMartín de los Andes con Joan y Joel y la ropa estaba de nuevo completamente empapada. El frío era insoportable porque ya no podíamos estar en movimiento, no quedaba ningún camino por investigar. A las dos de la madrugada decidimos buscar un refugio en las ruinas de la Pradera del Puma y esperar el amanecer.

La última noche, la noche de la Pradera del Puma, la noche de la amistad o del odio, de la convivencia armoniosa y placentera o la noche más larga y tensa de la vida, cuando parece que está muy cerca el límite y descubres que no existen los límites. A la media hora apareció por las ruinas un equipo argentino y ellos ni siquiera intentaron subir a buscar el camino. Lo pensaron, pero la lluvia y el frío del exterior rompieron enseguida el pensamiento y apañaron un rincón confortable para pasar la noche como amigos, juntitos, como hemos vivido, sufrido y sentido la vida durante una semana. En uno de los bolsillos apareció la última barrita energética. Una de esas que se queda olvidada y en estos casos es como la tarta de un cumpleaños.

Con el primer destello de claridad salimos de la Pradera del Puma y acertamos a la primera. El desvío estaba en una curva de la pista principal y era una senda estrecha y resbaladiza en la falda de la montaña que llevaba directamente al PCV. El patrullero del control llevaba toda la noche esperando nuestro paso porque la organización le había comunicado que estábamos de camino. Y todavía tenía que estar un rato más hasta que pasaran los argentinos, que era el último equipo en esta sección. Quedaban seis horas para el cierre de meta y la ruta no presentaba mucha complicación aparente sobre el mapa. Sin embargo, el último PCV estaba en un desvío de la pista principal y volvimos a sentir la locura de orientar en un territorio con multitud de pistas forestales y caminos rurales con un mapa que solo tenía indicada la ruta de la carrera. Al final encontramos el cartel y nos hicimos la última foto, emocionante, ahora si que era todo bajada hasta la meta. Llegamos a las diez de la mañana, agotados pero muy satisfechos, en novena posición y 119 horas y 25 minutos de acción. El Tierra Viva Expedition Race era nuestro y como todas las metas, igual que las cumbres de las montañas, cuando pisas la cima comienza a desvanecerse la aventura porque justo en ese momento comienza un nuevo desafío. La gran satisfacción es el camino recorrido y todas las peripecias que hemos compartido los cuatro majaras del Team Buff. Gracias compañeros por vuestra paciencia y amistad, gracias a Buff por regalarnos estas aventuras deportivas y gracias a Orbea, Ternua y Powerbar por sus productos y colaboración para hacer la carrera más sencilla.