
No hace falta ir al Sahara, el Sahel, la Patagonia o el Gobi. En España tenemos pequeños rincones geográficos con unas singularidades ambientales que les otorgan la etiqueta de estepa árida, páramo o desierto. Y por unas horas podemos entrar en el fascinante juego de la exploración, navegar por cerros yesíferos plagados de endemismos botánicos, surcar ramblas cenicientas torturadas por la sed o deambular entre chimeneas de arenas rojas, naranjas, negras y plateadas.

Una tercera parte del planeta está ocupada por inmensas extensiones de territorios áridos o semiáridos, abiertos a la aventura y el descubrimiento. Lugares inhóspitos y temibles, incluso para sus propios habitantes, los paisajes desérticos han generado mitos y leyendas desde tiempos remotos y han despertado la pasión de viajeros, exploradores y conquistadores de todas las épocas. El desierto es un mundo de horizontes sin fronteras habitado por una eterna desolación, pero también es tierra de magia, revelación, leyenda y esperanza. Las zonas áridas son decorados diseñados por la naturaleza para provocar deseos insólitos y osadas travesías, destinadas a los viajeros actuales que anhelan transitar por los límites aterradores de las últimas soledades de la Tierra y poner a prueba su pericia aventurera, reconciliarse consigo mismo, encontrarse con las huellas de culturas milenarias o fortalecer el espíritu de asombro y misticismo.

Los desiertos, en cualquier latitud o continente, cálidos o fríos, extensos o diminutos, son un fascinante camino de inspiración, autodescubrimiento y contemplación para quienes se atreven a retar a su desgarradora inmensidad.La diversidad geográfica de nuestro país, situado entre los dominios del húmedo clima continental y los cálidos aires delMediterráneo, provoca que la mayoría de los destinos de turismo activo diseñados dentro del territorio español lleven a los excursionistas y ciclomontañeros a encantadores bosques de colores, verdes valles de montaña, hermosas cuencas fluviales decoradas con reluciente campos de frutales o bucólicos paseos por el quebrado litoral español. El inicio de la primavera es buen momento para conocer las representaciones paisajistas del clima mediterráneo desértico y subtropical árido que salpican nuestras geografías. Y la bicicleta de montaña es el medio ideal. Buenas reservas de agua en las cacharras, protectores solares y ganas de aventura son suficientes para jugar a explorar la mágica desolación de los territorios desérticos españoles.
Desierto de Tabernas

Punto de partida y llegada: Tabernas, en la provincia de Almería.
Distancia: 28,5 kilómetros
Nivel de dificultad: bajo.
Cota mínima: 290 metros.
Cota máxima: 640 metros.
Distancia no ciclable: 300 metros.
Desnivel positivo: 380 metros.
Apuntes: llevar agua para toda la ruta. Proteger ojos y piel de la radiación solar.
Acceso: desde Almería por la A-92 (Almería-Guadix) hasta el cruce de la N-340, girar a la derecha en dirección aMurcia y llegar al pueblo de Tabernas.

Los paisajes esteparios y volcánicos de Tabernas, Sorbas y Cabo de Gata, en la provincia de Almería, son los máximos exponentes de las regiones áridas de Andalucía. Almería es la provincia más “desértica” de la Península. Recorrer el impactante paisaje del desierto de Tabernas, en particular, es participar en la crónica del ser humano y su ingeniosa lucha por mejorar las técnicas de regadío, por hacer habitables unos territorios inhabitables y por tratar de comprender la ambigüedad de los grandes espacios libres que han seducido a la humanidad desde el principio de los tiempos. El pueblo de Tabernas se encuentra rodeado de geografías desérticas por los cuatro costados. Las sierras de Alhamilla, al sur, y los Filabres, al norte, dejan al desierto de Tabernas hundido en una desoladora sombra orográfica, impidiendo que los vientos de levante y las lluvias entren en el territorio. Los abundantes barrancos terrosos definen el paisaje de Tabernas y actúan de canalizadores de las avenidas de agua producidas por las lluvias torrenciales que aparecen en la comarca de vez en cuando.

La ruta sale de Tabernas por la calle principal hacia Almería. En las afueras, antes de llegar al cruce de la N-340, gira a la derecha por una pista asfaltada que pasa por debajo de la carretera y atraviesa la rambla de Tabernas, entrando sin remedio en el espacio geográfico del desierto. A los 2 kilómetros aparece una bifurcación junto a una plantación de chumberas. La ruta sigue por el carril de la izquierda en suave ascensión por un terreno pintado con los colores y texturas habituales en las geografías sedientas. En la siguiente bifurcación se toma el carril de la izquierda y pronto aparece una cancela a la altura del cortijo de las Bendiciones. Los cien metros de altitud superados desde el pueblo permiten tener unas vistas magníficas de la extensa rambla del Búho y el Llano de Benavides. El carril principal va dejando caminos secundarios mientras sube a todos los cerros de aspecto ceniciento que van apareciendo por las lomas y los collados. Las rodadas se convierten en un carril agrícola que termina en un cortijo con un depósito de agua. La ruta deja a la izquierda el edificio y continúa por las rodadas que recorren el borde del campo de labor hasta que desaparecen, pues son el acceso del dueño de la finca para cultivar la tierra, recorriendo a pie unos 300 metros por la cabecera de la rambla para subir al collado visible encima del talud del barranco. El recorrido toma la pista más empinada de la derecha y a los 200 metros gira a la izquierda por un largo y entretenido descenso que termina en los cortijos de Haza Blanca.

Los 8 km siguientes recorren el soberbio desfiladero de Valderecho. En varios pasos sólo hay sitio para las rodadas del camino. Antes de salir a la rambla de Tabernas se pasa cerca de uno de los escenarios de cine levantados en los años sesenta para filmar los populares “espagueti wester”. Los poblados están fuera de la rambla y no se ven desde el interior del cañón. Al desembocar en la gran rambla de Tabernas se gira a la izquierda por uno de los escenarios de pelis famosas como El bueno, el feo y el malo, La muerte tenía un precio, Con la muerte en los talones, Los diez mandamientos o En busca del arca perdida. La rambla pasa por debajo de la N-340 y llega a un cruce de caminos con indicaciones de los senderos de gran recorrido de las sierras del sur de Almería. El itinerario sigue el carril de la izquierda por la rambla de los Molinos, indicado con las marcas del sendero de gran recorrido GR-140 hacia Tabernas.
Desierto de las Bárdenas Reales

Punto de partida y llegada: paraje Castildetierra, en Arguedas, provincia de Navarra.
Distancia: 25,4 kilómetros.
Nivel de dificultad: bajo.
Cota mínima: 280 metros.
Cota máxima: 350 metros.
Distancia no ciclable: 0 metros.
Desnivel positivo: 140 metros.
Apuntes: información de la ruta en www.bardenasreales.es/parquenatural.htm
Acceso: N-232 Zaragoza-Logroño. En Tudela seguir las indicaciones de Arguedas y un kilómetro antes de llegar girar a la derecha hacia el parque natural. El acceso a Castildetierra se encuentra a 6,8 km. Continuar por el camino rural durante 3,7 km hasta el punto de partida.

Las Bárdenas Reales componen una fascinante combinación de barrancos, páramos, estepas, cerros testigos y relieves tabulares de gran interés geológico y paisajístico. El territorio del parque natural forma parte de la Unidad Geológica de la Depresión del Ebro y su origen es continental, construido por acumulación de yesos, arcillas, cantos, gravas y materiales margosos desde el Eoceno, hace 38 millones de años. La erosión ambiental ha ido esculpiendo los frágiles relieves definiendo tres grandes unidades geomorfológicas. El Plano es la meseta situada al norte de la Bárdena, de suelos duros y resistentes a la erosión. La Negra es el conjunto de relieves tabulares (horizontales) constituidos por calizas y areniscas que se levantan al sur y también muestran una dura resistencia a la erosión ambiental. La mayor parte del territorio está ocupado por la Blanca, la gran depresión central muy esculpida y desmenuzada por los agentes ambientales debido a la falta de materiales duros que puedan proteger las frágiles arcillas y margas limosas. En la Bárdena Blanca se encuentran las bad lands y los cabezos o cerros aislados que otorgan al paisaje un aspecto singular, protagonistas de multitud de películas, anuncios publicitarios y reportajes fotográficos. El promontorio más célebre de los paisajes bardeneros es el cerro de Castildetierra, donde comienza la ruta. En una pequeña porción de terreno se puede observar el proceso de modelado que están sufriendo las mesetas tabulares. Los cerros testigo, como Castildetierra, son montículos de arcilla que se han librado de la erosión completa porque están protegidos en la parte alta por algún tipo de material resistente de arenisca o caliza.

Antes de realizar cualquier actividad deportiva o turística en el interior de las Bárdenas Reales consultar la normativa y los caminos abiertos al público. En la página web del parque natural el itinerario se denomina Vuelta al Polígono. El nombre se refiere a un extenso campo militar que ocupa una parte de la Bárdena Blanca. La ruta sale del aparcamiento de Castildetierra en dirección sureste, dejando a la izquierda unas balsas de agua y el monumento al segador. Los relieves de la izquierda forman parte del Cabezo de las Cortinillas, magnífica expresión de cárcavas de varios colores en las laderas de los cerros y los cambisoles, que son los suelos utilizados para el cultivo por los campesinos locales. Un elemento etnográfico de interés en el paisaje bardenero es la abundancia de cabañas pastoriles, corrales y restos de la cultura trashumante que aparecen en multitud de rincones. El camino pasa por la entrada del polígono militar, atraviesa el barranco de los Hermanos y conecta con el trazado de la Cañada Real de los Roncaleses, donde aparecen los carteles de la ruta de BTT Gran Bárdena. El paisaje en este sector es bastante llano, surcado por un laberinto de barrancos secos y suelos ricos en sales y yesos donde abundan las matas de ontinas y espartos. El camino cambia de orientación y pasa por el Rincón de la Ralla, una pequeña meseta situada entre las paredes de la Ralla y el Cabezo de Sanchicorrota. La pista de tierra emprende el camino de vuelta rodeando el campo militar, deja a la derecha el desvío de Carcastillo y pasa por los desiertos del Truco y la Junta. Cada cambio de rasante es un descubrimiento de horizontes sugerentes y extrañas texturas geológicas. El tramo final ofrece una visión nueva del Cabezo de las Cortinillas, en el vado del barranco del mismo nombre, y poco después el popular cerro de Castildetierra. La elección de la ruta se debe a la singularidad de los paisajes y la calidad ambiental de la Bárdena Blanca, pero tiene el inconveniente de que las pistas están abiertas al tráfico y en determinados momentos hay que compartir el camino con los turistas motorizados.
Desierto de los Monegros

Punto de partida y llegada: Castejón de Monegros, en la provincia de Huesca.
Distancia: 23,5 kilómetros
Nivel de dificultad: bajo.
Cota mínima: 460 metros.
Cota máxima: 580 metros.
Distancia no ciclable: 0 metros acertando con el camino ciclable en las casas del Castellano.
Desnivel positivo: 230 metros.
Apuntes: recomendable mapa topográfico del IGN 1:50.000 (385)
Acceso: AP-2. Salida 3 Bujaraloz. Tomar la carretera de Sariñena, pasar La Almolda y seguir hasta Castejón deMonegros. Aparcar en la plaza de la Fuente, donde comienzan las rutas locales Camino Natural de Castejón deMonegros y Ruta de laMiel.

El singular paisaje de Los Monegros aragoneses es una extraordinaria representación de los ecosistemas esteparios peninsulares. Un completo y efectivo sistema de aprovechamiento de los recursos hídricos procedentes de las cuencas de los ríos Cinca y Gallego, mediante el Canal de Monegros, ha transformado el ambiente reseco e inhabitable de los desolados páramos monegrinos en fértiles vegas de cultivos, especialmente en los municipios oscenses. Las posibilidades de diseñar rutas beteteras son amplias y variadas. La ruta propuesta sale de Castejón de Monegros y discurre por los valles y serrezuelas que rodean la población, combinando las principales unidades paisajísticas que distinguen está inmensa comarca del Valle Central del Ebro. Castejón de Monegros es uno de los 49 núcleos de población que constituyen el territorio monegrino, fundado en época romana cerca de una caudalosa surgencia de agua conocida como La Madre, símbolo de la historia y la cultura rural del pueblo. El manantial se encuentra a un par de kilómetros de la población por un sendero señalizado que parte de la plaza de la Fuente, donde se encuentran el panel informativo de la ruta y otro cartel de la Ruta de la Miel, dedicada a otro de los recursos tradicionales de la comarca. El itinerario de nuestra ruta sale de la fuente en dirección al castillo de San Sebastián, levantado en el siglo XIII en la colina que domina el caserío, siguiendo el recorrido de la ruta local Camino Natural de Castejón deMonegros. En la fortaleza nace un camino con talanqueras de madera que lleva al mirador de San Fabián, donde se deja la ruta señalizada, tomando un carril a la izquierda hasta las casas del Castellano. En la pequeña loma que hay delante de los corrales se gira a la izquierda por un carril de mal firme que baja al Val de Zapata por un barranco de cultivos escalonados. Esta zona puede presentar problemas de orientación y ciclabilidad, pero las dos o tres posibilidades de descenso que surgen en el barranco llevan al Val de Zapata en pocos minutos. En el centro del vallejo se puede ver el manantial de LaMadre pero no tiene acceso desde este punto.

Una vez en el camino principal de Val de Zapata hay que girar a la derecha y a los 700 metros girar a la izquierda por el Camino de Valdecarros, dejando a la derecha la Ruta de la Miel. El firme es excelente y el paseo agradable en un entorno de colinas pobladas de viejas sabinas. El camino rural remonta el valle hasta la falda de la sierra de Lanaja y sale a una pista de tierra en los corrales de Miramón. En el cruce aparecen las señales del sendero de pequeño recorrido Ruta de los Miradores, con punto de partida en el pueblo de Monegrillo. La ruta gira a la izquierda, deja a la derecha el desvío del sendero de las marcas blancas y amarillas, y continúa por la pista principal hasta el cruce de la carretera Castejón-Monegrillo. Seguir de frente por la cuerda de la sierra de Farlé, entrando en el ecosistema forestal de los pinares que pueblan extensas zonas de las serranías monegrinas. A un kilómetro se atraviesa una pista forestal, manteniendo el recorrido por el cordal de la sierra. En la siguiente bifurcación se toma el carril de la derecha, con vistas magníficas de la Ribera Baja del Ebro, y dos kilómetros después se puede girar a la izquierda por un entretenido descenso que lleva a los campos agrícolas de Castejón.
Estepas del Tajuña

Punto de partida y llegada: Chinchón, en la provincia de Madrid.
Distancia: 29 kilómetros.
Nivel de dificultad: bajo.
Cota mínima: 510 metros.
Cota máxima: 780 metros.
Distancia no ciclable: 100 metros.
Desnivel positivo: 340 metros.
Apuntes: recomendable mapa IGN 1:50.000 (606).
Acceso: Autovía A-3. En el kilómetro 48 tomar la salida de Villarejo de Salvanés y seguir por laM-404 hasta Chinchón. El punto de partida es la explanada del castillo.

Chinchón es la población más conocida y popular de las parameras altas de la comarca de Las Vegas, en el sureste de la Comunidad de Madrid. El casco urbano está declarado conjunto histórico-artístico. Sobresale la espléndida plaza Mayor, de porte medieval, formada por viviendas de tres plantas, galerías adinteladas y balcones de madera, en total 234. La ruta comienza en la gran explanada situada delante del castillo de los Condes de Chinchón, o lo que queda de él, un buen lugar para aparcar y preparar las bicicletas con vistas del conjunto urbano y gran parte de las campiñas del municipio. El recorrido se aleja de la vieja fortaleza hacia el sur, por un agradable paseo de olmos, acacias y olivares que lleva al Parque Forestal Valquejigoso, formado por un frondoso pinar donde se encuentran varios manantiales naturales y un antiguo lavadero. El camino sale del hoyo donde están metidos los manantiales y conecta con un camino rural que recorre la estepa cerealista hacia el sur.

El carril mantiene rumbo sur y desciende del páramo por un tramo pedregoso y empinado rodeado de olivares, tomillos y lavandas. Al final de la bajada se gira a la derecha por un camino rural en dirección a Villaconejos. El ambiente es agrícola y campesino. El itinerario atraviesa el pueblo de Villaconejos de punta a punta, saliendo por el camino de la fuente de Villacabras. A 200 metros de la última casa aparece a la izquierda la Cueva del Fraile, excavada en el subsuelo de una colina hace 300 años por monjes carmelitas. El dintel de la entrada conserva la fecha y el escudo de la época. La ruta sigue el camino principal entre olivares y llega a la fuente de Villacabras, uno de los parajes más asombrosos de las parameras agrícolas de la comarca de Las Vegas. En la cabecera de la garganta brota un manantial de aguas medicinales, ricas en sulfato sódico y otras sales que se utilizaban como purgantes y para tratar afecciones cutáneas. En la parte superior del cantil quedan restos de las instalaciones que explotaron las minas de sales y dentro del cañón aparecen las bocas de las galerías inundadas de agua. En época de lluvias el agua precipita en el fondo del barranco y se forman costras de sal. El cañón desciende del páramo al valle del Tajuña entre paredes de yesos y espartos que superan los cincuenta metros de altitud, creando un paisaje único y singular que sirve de refugio natural a varias especies de flora y fauna. El itinerario sigue por la parte alta del barranco durante 800 metros, hasta que el carril cambia de dirección, y desciende por un sendero técnico al fondo del barranco.

El sendero del arroyo de Villacabras lleva al camino rural que recorre la vega del Tajuña, girando a la derecha por la base de los cortados yesíferos y las estepas de espartos que caracterizan el paisaje del valle madrileño. El próximo punto de interés es la Reserva de Fauna de la Laguna de SanJuan, 47 hectáreas de paraíso ornitológico. El camino sale a la carretera de Chinchón, gira a la izquierda y a cien metros toma el primer desvío a la derecha. Poco después aparece el carrizal de la laguna de Casasola, otro valioso humedal en el valle del Tajuña, cerca del castillo del mismo nombre. Y en el cruce de la ermita de San Galindo se gira a la derecha por el camino rural que asciende entre los cerros yesíferos del barranco de las Cárcavas, llegando a Chinchón por el cerro del Portillo.
Páramo de Layna

Punto de partida y llegada: Layna, en la provincia de Soria.
Distancia: 20,5 kilómetros.
Nivel de dificultad: bajo.
Cota mínima: 1.110 metros.
Cota máxima: 1.250 metros.
Distancia no ciclable: 0 metros.
Desnivel positivo: 160 metros.
Apuntes: recomendable mapa de la zona IGN 1:50.000 (462).
Acceso: A-2. EnMedinacelli tomar la carretera deMaranchón y seguir hasta Layna.

El Páramo de Layna es un singular espacio natural ubicado en el territorio geológico de las zonas esteparias del Sistema Ibérico, un extenso conjunto de mesetas arrasadas y suaves penillanuras que forman el eslabón geográfico entre las estribaciones orientales del Sistema Central, en la sierra de Pela, y los pliegues de la montaña soriana que desencadenan en la cordillera Ibérica. En el paisaje del páramo dominan los relieves horizontales, de suelos rojizos y calcáreos, cubiertos por una interminable garriga de cambrón alternada con pastizales áridos, tomillos, enebros, lavandas y brezales endémicos. Por el origen etimológico de la palabra cambrón el Páramo de Layna se conoce también como Campo de Taranz, nombrado en dos versos del Cantar deMío Cid. En el transcurso del recorrido hay un tramo por la histórica ruta del Campeador cuando realizó su famoso destierro hacia las tierras del Levante. Los valores ambientales de la solitaria paramera han sido reconocidos por la Red Natura 2000 y declarados ZEPA y Lugar de Interés Comunitario en el año 2004.

El punto de partida es la plaza situada junto al frontón, delante de los tres carteles informativos del Sendero Ibérico Soriano GR-86, de la ruta del Camino del Cid y del espacio protegido, con un bonito panel ilustrado mostrando las aves esteparias que merodean en la zona, destacando una importante colonia sedentaria de alondra de Dupont que supera las cincuenta parejas, la segunda de Castilla y León. También hay aguilucho cenizo, chova piquirroja, cogujada montesina, sisón, escribano, alcaraván y suelen visitar el páramo de vez en cuando el águila perdicera y el milano real. La ruta sale del pueblo por la carretera en dirección aMedinaceli y a los 300 metros toma un camino a la izquierda que asciende por un pequeño cañón donde aparece un abrevadero para la ganadería extensiva. El carril supera la cuesta y entra en la estepa por la derecha de un campo agrícola. El horizonte no tiene límites. El páramo está surcado por multitud de carriles campesinos y es imprescindible seguir las referencias del mapa. El recorrido mantiene el rumbo y llega al fondo del páramo, girando a la derecha por un carril que pasa por una balsa y unos corrales de ganado. El suelo es rojo y arcilloso, un gran enemigo de las ruedas y el cambio cuando está mojado.Manteniendo el rumbo noroeste se atraviesa un tendido eléctrico y poco después la línea del AVE, en el sorprendente paraje delMojonazo, un fantástico mirador natural en el borde del páramo sobre un auténtico escenario geológico. A nuestros pies el hermoso valle del Pradejón y al fondo la villa deMedinaceli. La ruta cambia de dirección y sigue hacia el noreste por el Camino del Cid, girando a la derecha en la carretera. Nada más pasar el túnel del AVE se toma la carretera que desciende a Urex deMedinaceli por un bonito cañón calcáreo. El tramo restante entre Urex y Layna sigue el camino de tierra que recorre el valle del río Blanco, señalizado con las marcas rojas y blancas del GR-86 y del Camino del Cid. La llegada a Layna es por el Cerro Pelado, declarado Reserva Paleontológica Nacional. En el yacimiento se descubrieron los primeros fósiles europeos de micromamíferos de la era Terciaria.