Quien camina sin buscar encuentra el principio de todos los caminos…suena a disparate pero es la sensación que guió nuestros pasos y el destino del Team Buff durante 48 horas en las cordilleras volcánicas del Aseret en la segunda sección del Tierra Viva. En los cerros salvajes de los Andes patagónicos hay que sentirse perdido, sin rumbo ni referencias, dejarse humillar por aquellos enormes colosos de materiales volcánicos y elegir el mejor camino con intuición y sentido común. La naturaleza forestal y mineral es demasiado poderosa y no sirve de nada combatir a la montaña, al bosque, al viento o a la tormenta. No sirve de nada buscar caminos imposibles.
Lunes 20 de febrero en el Camp Central de SanMartín de los Andes. Llegamos en bicicleta del lago Lolog a las diez de la noche. En el campamento están Joan y Joel, nuestros amigos de Buff que van a pasar la semana siguiendo el raid, inquietos por la desconcertante remada en el lago y cargados de ánimos que transmiten constantemente, a nosotros, a otros equipos, a la gente de la organización ¡que grandes amigos! En cuanto aparecemos Joan habla con la cantina de la organización y en unos minutos tenemos delante unos platos de lentejas y pasta caldosa. Es un detalle por parte de la organización del raid tener un pequeño servicio de comidas en el Camp Central para los equipos, aunque sea de pago. Así es mucho más rápido tener una comida nutritiva y caliente que si tenemos que montar nuestra cocina.
Mientras disfrutamos de la cena marcamos los mapas de la siguiente sección. En realidad no sabemos muy bien si es una bicicleta con dos trekings sucesivos o un par de pateos enlazados en bicicleta, pero es igual, la finalidad es pasar por todos los puntos de paso y volver al campamento de nuevo. El director técnico de Tierra Viva ha preparado un mapa 1:100.000 para el recorrido en bicicleta, de unos 150 km ida y vuelta y cuatro puntos de paso, y un mapa de 1:50.000 para cada pateo, uno largo y técnico y otro más fácil y corto. Los equipos podemos elegir el sentido del recorrido en bici y el orden de los trekings y resulta entretenido pensar una estrategia que pueda meternos en la carrera y avanzar algún puesto. Es complicado pero es uno de los alicientes que tenemos. Estamos en las últimas posiciones pero no perdemos la motivación, todo lo contrario, sabemos que un raid tan intenso y largo como Tierra Viva está cargado de imprevistos y la clave es seguir adelante, hacer nuestra carrera, fallar lo menos posible y disfrutar la experiencia.
Pasamos por nuestras tiendas para cargar toda la comida que somos capaces de transportar en las bicicletas. Con los mapas en la mano calculamos unas 30 horas de sección antes de volver a nuestra despensa particular y aunque nos informan que hay una estancia por el camino donde se podría conseguir comida, es posible que pasemos de noche y no podamos comprar alimentos.Metemos bocadillos blandos de jamón, queso y membrillo, barritas energéticas, frutos secos y salimos pitando. Y como siempre entramos y salimos del campamento en bicicleta no tenemos que cambiar de ropa ni de material obligatorio, simplemente enganchamos las zapatillas en las gomas del portabultos de la bici y a buscar una nueva aventura en la noche patagónica.
La ruta en bici presenta dos opciones para acercarse al territorio donde están los pateos, dos caminos que llevan al valle del lago Curruhué y la laguna Verde, uno de los rincones más bellos que hemos visto en el raid. Cada una de las dos variantes tiene su correspondiente PC para obligarnos a recorrer uno a la ida y otro a la vuelta, en el orden que queramos. Vemos que uno tiene un largo tramo de asfalto hasta Junín de los Andes y lo dejamos para vuelta, que estaremos más cansados. Salimos del Camp Central a las once de la noche en busca de un PC situado en un paraje llamado Puerto Arturo, en la orilla del lago Lolog. De nuevo tenemos que vernos las caras con nuestro lago “asesino”. Ahora y en otro momento clave del raid varios días después.
La noche está serena y acogedora, una magnífica noche austral para pedalear con amigos en las sombras del fin del mundo. A los cuarenta minutos pasamos por el embarcadero donde unas horas antes se cerró la sección de remo. “Hasta nunca maldito”, pensamos en silencio. En la bicicleta dominamos la situación y sentimos que ya podemos empezar a jugar con el destino, que no estamos a merced de los elementos y las circunstancias, aunque nos llama la atención no encontrar a otros equipos. La pista recorre la sinuosa orilla del lago sin grandes desniveles y mantenemos buen ritmo sin preocuparnos de otra cosa que no sea ganar kilómetros a la noche. La idea es llegar al amanecer al inicio del treking largo.
El control de Puerto Arturo era un punto con “trampa”, desde nuestra perspectiva por supuesto y sobre todo porque no conocemos la geografía salvaje de las montañas andinas. Las dos chicas de la organización estaban en una cabañita de pescadores cerca de un camping instalado en la ribera del lago, al final de un desvío de la ruta principal de unos 4 km, cerca de un PC del pateo largo y en el inicio de un sendero-atajo que llevaba directamente al control de laguna Verde, evitando un largo rodeo de 30 km. Con el mapa en la mano y la intuición que nos caracteriza pensamos dejar las bicis, subir al punto del treking, volver de nuevo a Puerto Arturo y luego atajar a laguna Verde; y visitar el resto de los puntos del trek desde otro lugar. Pero menos mal que cambiamos de planes a tiempo. Primero nos llama la atención que somos el primer equipo que llega a este PC. Tenemos delante 30 equipos y ninguno ha pasado por aquí, todos han elegido la otra ruta. Esto nos hace pensar. Y las chicas de la organización dicen que no se puede subir a un PC desde aquí y volver, hay que hacer los cuatro puntos del treking seguidos, en el orden que queramos, pero sin bajar a las bicicletas hasta completar el recorrido. Y ni siquiera sirve el atajo porque es un sendero de unos 20 km completamente intransitables para las bicicletas. Entre las dudas llega un equipo chileno que ha tenido la misma idea y también intenta el camino más corto pero es imposible, volvemos todos a la pista principal y a recuperar el tiempo perdido en las divagaciones. Por lo menos ya tenemos este PC sellado en el pasaporte de carrera.
Una hora antes de amanecer es un momento duro de sueño y cansancio, el cuerpo parece de papel, se enfría y flojea, los músculos se desinflan y cuesta mantener la vista enfocada en el redondel de la luz del frontal. Vemos una caseta de información cerrada con un pequeño techadillo en la entrada del Parque Nacional de Lanín y decidimos parar un rato a recuperar fuerzas. Queda una hora para llegar al inicio del treking largo y queremos llegar fuertes y animados. El lugar no tiene nada de particular, cerca hay un control militar y las colinas forman un campo ondulante de cerros áridos típicos de la pampa patagónica…pero es nuestro primer vivac en el raid y es suficiente para que sea especial. Con Javi y Chemari he compartido muchas noches a la intemperie, pero la presencia de Nuria por primera vez en una de las aventuras del Team Buff sirve de estímulo constante. Nos conocemos muy poco pero la conexión ha sido instantánea, siempre positiva y con ganas de seguir adelante, superando cada momento, disfrutando de los buenos y soportando los malos con un vigor físico y mental extraordinario. Es un placer compartir aventuras deportivas con personas que saben vivir la experiencia y disfrutar las emociones del camino sin agobiarse por llegar al destino.
En la orilla del lago Curruhué, antes de llegar al PC que marca el inicio del treking, adelantamos a dos equipos. La noche es dura para todos, menos para los “kiwis”, que parecen volar por las montañas. El cambio es rápido y sencillo, simplemente metemos en la mochila un buen paquete de comida, dejamos otro paquete para el siguiente trek, nos ponemos las zapatillas y salimos zumbando vereda a practicar montañismo en los Andes de la Patagonia argentina. Claro que antes siempre pasamos unos minutos con la gente de la organización que está en los controles compartiendo su hoguera y sus consejos. Un raid como Tierra viva no es solo una experiencia deportiva, también hay lugar para la convivencia y el encuentro. Ellos ponen toda su buena voluntad para orientarnos sobre la mejor forma de actuar en la montaña y descubrir las “picadas”, pero después es la montaña quien se encarga de poner a cada equipo en su lugar. Las secciones del Tierra Viva son tan largas e intensas que siempre estás deseando terminar una actividad para empezar otra, pero a las pocas horas, vuelves a desear dejar de pedalear o caminar para cambiar de actividad. Todo es desbordante y exige llevar el cuerpo y la mente al límite.
El primer tramo del trek sigue un sendero o picada muy claro y evidente por el fondo de un valle hasta una confluencia de barrancos donde está el primer PCV, un punto de control virtual donde tenemos que hacer una foto de los cuatro al lado del cartel correspondiente. Cada punto tiene un código y sirve para demostrar a la organización que los equipos pasan juntos por todos los puntos. Nosotros llevamos dos cámaras de fotos y sacamos todos los puntos por duplicado por si se rompe alguna de las cámaras. Parecemos turistas posando para el álbum familiar. El primer PCV está en un paso estratégico de la vereda donde el torrente ha roto el cauce del arroyo y no vemos el cartel porque pasamos el vado fuera del camino. Nos pasamos veinte minutos y tenemos volver. El mapa solo tiene las curvas de nivel, algunas cotas de altitud en las cumbres y los ríos importantes, pero no aparecen las pequeñas vaguadas ni las manchas de vegetación ni la mayor parte de los picos secundarios. Es pura navegación a rumbo y acertar, y en un treking de 80 km hay sierras, bosques y valles por todas partes.
El sendero sube a la cuerda de la sierra y comienza una larga travesía por los cordales del macizo del Aseret hacia el siguiente PCV, situado en una cima afilada y solitaria que tendremos que descubrir al final de un cordal volcánico plagado de brechas, precipicios y caos rocosos. El ánimo del equipo es extraordinario. Estamos en nuestro terreno, somos montañeros y estamos en los raids para subir y bajar montañas. Cada collado que superamos es un torpedo de energía cuando aparecen nuevos valles, quebradas, cimas y serranías delante de nosotros. Javi derrocha una energía inusual. Desde que le operaron los pies parece rejuvenecido. Tira del equipo como un ciervo rojo de los que abundan por estas cordilleras volcánicas. A veces carga con el macuto de Nuria para mantener el ritmo pero al final repartimos el equipo de Nuria en nuestros macutos y así igualamos el rendimiento de todos. Por el camino alcanzamos a un equipo que ha parado a dormir y a otros dos equipos que marchan a ritmo más lento. Adelantar equipos siempre es una motivación porque nos sentimos fuertes y seguros, pero también es fácil porque ellos marcan el camino y de momento seguimos su estela, navegamos a rueda y podemos reservar energías.
La panorámica es excepcional y es fundamental para alegrar el esfuerzo. La pirámide del volcán Lanín surge esbelta y solitaria a 3.770 metros de altitud, cubierta de hielos eternos y grandes abismos.Más lejos surge la chimenea del volcán Villarrica, con una fumarola blanca permanente, parece la cabaña de una bruja solitaria que sugiere mantenerse al margen. Y al fondo el terrible cráter del Cordón Caulle, que no deja de soltar enormes humaredas de cenizas y desperdicios volcánicos que han cubierto de polvo blanco la región. En el PCV coincidimos con varios equipos, compartimos un poco de charla y uno de ellos, que es de la zona, cuenta que cuando el pico Lanín está cubierto por un sombrerito de nubes densas y plateadas, como ocurre ahora, se avecina una tormenta. Levantamos la vista al cielo y luce un azul hermoso y radiante. Todavía queda la parte más dura y complicada del pateo y no tenemos en cuenta el comentario climatológico.
Parece que todos los equipos coincidimos en seguir las cuerdas de las sierras, los “filos” dicen allá, y vamos unos detrás de otros un par de horas hasta un collado enorme en la cabecera de un valle donde está el siguiente PCV. La decisión del rumbo es fundamental. El control está en la orilla del río en el fondo del valle, a unos 10 km, y en una navegación normal sería sensato bajar directamente al inicio del arroyo y seguir las orillas hasta el PC. Pero la experiencia en otros raids patagónicos, como el PER de Chile, nos ha enseñado que los bosques de matorral bajo de lengas que pueblan los fondos de valle en muchas ocasiones son impracticables y se convierten en una trampa infernal donde se avanza a un kilómetro por hora. Y el aspecto de este valle no es nada sugerente con tanta masa forestal. Unos equipos deciden seguir la línea del bosque a media ladera y buscar un claro para bajar al río. Nosotros decidimos seguimos directamente los “filos” sin tocar la lenga y bajar directamente al valle a la altura del PCV.
En el cordal de la montaña encontramos algunos acantilados de basaltos que nos obligan a realizar algún destrepe delicado, pero es de día y siempre encontramos un paso seguro. Y también es divertido hacer algún pasito de escalada para salir de la rutina del pateo. A medio camino vemos dos equipos deambular en el límite de los matorrales y bajamos a su encuentro. En uno de ellos están nuestros amigos Pincu y Fernando con sus compañeros del Cristagua, que al final quedaron terceros en el raid detrás de los equipos de Nueva Zelanda y Francia. El intento por buscar un claro en el bosque no tuvo éxito y nosotros volvimos a la cuerda para seguir el plan inicial. Ellos se empeñaron en luchar contra la naturaleza forestal y bajaron al río, pero llegaron al PCV dos horas después que nosotros y muy agotados por la batalla en la espesura de la lenga. También llevaban encima más paliza que nosotros porque salieron del remo unas horas antes y ya habían realizado en treking corto.
Cerca del PCV encontramos un patrullero de la organización al lado de su tienda, sentado cerca de una hoguera y con un puchero de caldo caliente. Una imagen muy acogedora pero es simple decoración. Los equipos tienen que ser independientes y autónomos. Los patrulleros están solos en la montaña durante la semana que dura el raid para dar novedades al director de la carrera sobre el paso de los equipos o cualquier incidencia. El simpático gaucho nos informa de que el sombrerito del volcán Lanín ha activado la maldición de la montaña y dan lluvia, viento y nieve para la noche. Justo cuando tenemos que subir de nuevo a la cordillera para saltar una sierra y pasar por el último PCV. Son las ocho de la tarde, hay luz y vemos un filo despejado de vegetación que nos puede subir a bastante altura antes de la tormenta. Es una apuesta arriesgada porque arriba no hay posibilidad de encontrar refugio. Fuera del bosque la montaña presenta una desolación absoluta y la ventisca puede ser un infierno. Pero iniciamos la ascensión. Estamos haciendo un treking magnífico y no queremos cambiar el ritmo. En el límite del bosque, después del primer calentón, paramos a comer protegidos del viento y la lluvia por los árboles. Nuria está indecisa, Chemari acepta cualquier decisión, yo pienso en los problemas que pueden surgir en plena tormenta y de noche para encontrar el cartelito de la próxima foto y Javi dice que nuestro camino es seguir adelante.
Iniciamos la marcha pero en una hora estamos empapados y lo peor no es la lluvia ni el frío, es el viento, un rugido atronador que no para de lanzar dentelladas, cada vez más fuertes según ganamos altura, hasta que nos obliga a sujetarnos en las rocas para no salir volando. Nadie dice nada hasta que Nuria grita: “tenemos que parar, así no podemos seguir”. Esta claro que es la única mente sensata del equipo que se atreve a plantear la realidad. Estamos en una loma muy empinada sin ninguna posibilidad de montar un vivac. Flanqueamos a cota la ladera de la montaña un kilómetro hasta un barranco pero el aire forma una especie de túnel a reacción y saltamos al otro lado hasta un resalte rocoso rodeado de matorrales. El terreno está demasiado inclinado pero nos apañamos. Nuria consigue tumbarse al pie de las rocas, Chemari medio apoyado en una repisa unos metros más arriba, Javi sujeto a los tallos de las plantas y yo con medio cuerpo metido en un agujero y las piernas colgando. El equipo de vivac que llevamos es muy ligero y en una tormenta seria, con agua chorreando por todas partes, nos mantiene secos un par de horas. Pero Chemari, con la tensión de la tormenta solo se ha metido en la funda y en unos minutos el frío le llega hasta la médula del alma. Él dice que perdió la visión de un ojo durante unos minutos, desde luego el tono de su voz era estremecedor cuando gritaba que no podía ver, pero yo creo que fue el mal rato que estaba pasando. La montaña se estaba poniendo demasiado antipática y no podía amargarnos el raid. En estos casos la única solución para mantener el buen estado emocional y evitar el desmoronamiento del equipo es evitar el sufrimiento. Desmontamos el vivac y perdimos altura, mucha altura, hasta que bajamos a un bosque de árboles enormes y frondosas copas que nos ayudaron a soportar la ventisca.
Esta noche patagónica no la vamos a olvidar nunca, como otros muchos momentos que vivimos intensamente, cuando pasan por la mente todo tipo de ideas y pensamientos. Si pudiésemos grabar en un vídeo todas las secuencias que pasan por la cabeza en estos momentos…sería fantástico. Tal vez esta descarga tan fuerte de energía emocional tiene mucho que ver con la adicción que tenemos a estas aventuras deportivas. Y tampoco vamos a olvidar el siguiente amanecer, después de vencer a la noche, al frío, al viento, a la tormenta y a los pensamientos, cuando los primeros rayos del sol rompieron una enorme nube dorada y marcaron el paso para bajar de nuevo a la orilla del lago Curruhué. En esta sierra estaba de patrullero nuestro amigoMarcos Barrantes, un bombero deMadrid que hace años, precisamente durante su participación en un raid por estas tierras, conoció el amor de su vida y decidió formar una familia en SanMartín de los Andes. “Marcos un abrazo muy fuerte y gracias por tu amabilidad, espero verte pronto”. Atravesamos la montaña sin parar y no vimos aMarcos. Después nos contó que él nos controló con los prismáticos desde la cumbre de un cerro pero como cada equipo elige su propio camino es imprevisible estar en la ruta de todos. Por el camino tomamos la foto en el PCV y encontramos de cara al equipo de Villa Angostura, que subían a buscar el punto de control porque durante la noche también tuvieron que huir de la montaña, pero ellos terminaron muy lejos de la ruta y se vieron obligados a dar un largo rodeo para hacerse la foto. “Saludos Alejandro y compañía, ha sido un placer compartir aventuras y montañas en el Tierra Viva”
La organización tenía previsto un tiempo de doce horas para el trek. Nosotros tardamos veinticuatro y habíamos adelantado diez puestos en la carrera. Tremendo el Tierra Viva, pura resistencia mental. Un poco de charla y calor de la hoguera en el cambio y una hora de bici hasta laguna Verde para iniciar el segundo trek de la sección. Los cinco equipos de cabeza ya estaban en la bicicleta camino del Camp Central, unas seis y siete horas por delante de nosotros. En la pista del camino aparecieron Joan y Joel participando del raid como dos componentes más del Team Buff. Nosotros en acción y ellos tomando fotos, vídeos y metiendo ánimos por todos lados.
Salimos a pie de laguna Verde a mediodía para solucionar una travesía que no parecía complicada, con dos puntos de paso y la vuelta por el mismo sitio. Un PCV estaba en la cima del volcán Huanquihue (2.340 m) y el otro en unas formaciones volcánicas de la misma altitud, situadas justo enfrente pero con un profundo valle en medio. El sendero de acceso al valle de los volcanes sale directamente desde la orilla de la laguna Verde por un bosque encantado de árboles gigantes con pasadizos y galerías forestales. Una maravilla forestal. El suelo gris, ocre y rojo de materiales volcánicos y la vegetación desproporciona para el tamaño de los seres humanos. Un paisaje jurásico donde podía aparecer en cualquier momento una manada de velociraptores rabiosos o un tiranosuario rex devorando las copas de los árboles. Un cámara de la organización nos acompañó hasta la cumbre del volcán y grabó unas imágenes fantásticas del slalom que nos marcamos en el descenso. En la subida desde la base tardamos unos cincuenta minutos y en la bajada directa correteando por la ladera de cenizas no gastamos más de diez minutos, contando el tiempo que dedicamos a posar para el cámara del raid.
La segunda parte del trek era una penosa subida por una empinada ladera de materiales volcánicos que parecía una ascensión invernal por una dura rampa de nieve blanda. El volcán Huanquihue es un destacado atractivo turístico montañero en la zona y tiene una traza buena para subir a la pingorota del cráter, pero el otro volcán no tenía traza ni cráter, y aunque a veces servían las huellas de otros equipos requería mucho más esfuerzo y decisión. Los buenos augurios los puso un joven ejemplar de cóndor que estuvo sobrevolando el volcán por encima de nuestras cabezas. Nosotros no estamos acostumbrados a subir volcanes pero montes nevados es más habitual y la técnica que aplicamos es la misma. Y para la bajada el mismo sistema, la directa y en unos minutos en el sendero del valle camino de laguna Verde.
Sellamos el pasaporte y agotamos la comida menos un par de barritas de emergencia por si acaso. La idea era no parar hasta llegar al Camp Central, a unas cinco horas de pedaleo. Cerca de laguna Verde estaba el lugar donde se podía conseguir alimentos y vaya si lo aprovechamos. En la ida tomamos caldo de pasta, cafés, galletas y patatas fritas. Y en la vuelta más café y lo que quedaba en las estanterías, porque el resto de los equipos habían arrasado con todos los víveres disponibles. La organización prohibía recibir asistencia de cualquier tipo fuera del campamento central de SanMartín, pero los equipos se podían buscar la vida por su cuenta pidiendo alimentos en las estancias o comprando comida en las tiendas de las poblaciones. La salida de laguna Verde era un rompepiernas muy incómodo de continuos toboganes hasta el lago Curruhué y después una extensa planicie hasta Junín de los Andes, donde estaba el último PCV de la sección. Pasamos muy tarde y de madrugada llegamos al campamento. Las 30 horas previstas para esta sección fueron 48 pero salió una jugada redonda. Al parecer volamos en los trekings y acertamos en la orientación, el caso es que estábamos en la mitad del raid y en la décima posición. Era momento de descansar bien en el campamento y asimilar los acontecimientos. Las tres secciones que quedaban de bici, treking y remo se podían hacer en cualquier orden y la estrategia era fundamental para seguir en el top ten de la carrera.


















































Muy lindo relato, me vuelve a poner en la carrera. Siempre nos preguntamos que les pasa a los otros, y siempre que leemos sus crónicas, vemos que les sucede lo mismo que a nosotros. Estas son carreras donde se juega con las emociones (cansancio, bronca, alegría, euforia, etc.), el desafío es aprovechar las buenas y vencer a las que restan pero que también enseñan. Mis felicitaciones por la carrera que hicieron.
Gustavo V. Corral
(equipo 8)
Gracias Gustavo, escribir sobre la carrera es un modo de volver a vivir aquellos momentos, de saborear de nuevo una experiencia intensa llena de recuerdos y buenas emociones, porque los malos momentos es lo primero que se olvidan, y al final nos quedamos con lo realmente importante, que es la satisfacción de participar en la carrera y superar todos los contratiempos y complicaciones para terminar, y como digo siempre: terminar es importante, y si puede ser en un buen puesto mejor, pero todavía es más importante terminar como amigos con el resto del equipo y seguir con ánimo de participar en nuevos desafíos.
Demasiado para mi cuerpo…..
No digo que no me gusten los retos , pero en este he visto demasiado sufrimiento y pocas risas…..
Donde unos ven sufrimiento otros encontramos un camino de superación, un estímulo para forjar la voluntad y el compromiso para cumplir los desafíos que nos proponemos. El reto físico es simplemente cuestión de entrenamiento, y eso lo sabes bien porque eres un gran deportista, el mayor atractivo es el reto mental y el esfuerzo emocional que nos lleva a disfrutar con cosas muy simples y orgánicas. Un raid de este nivel te desnuda completamente, no me refiero a la ropa, te deja con los sentimientos a flor de piel, te hace ser como realmente eres. Aquí no hay escondites para el orgullo, la vanidad o la envidia, hay que saber jugar con ellos y compartir vicios, manías y defectos con los amigos. Y que los compañeros sepan aceptar todas tus tonterías. Es una experiencia humana intensa y completa.
Y por supuesto que también hay tiempo para el chiste y las bromas, faltaría más. Ninguna experiencia de la vida tiene valor sin sentido del humor.
Un abrazo rey del Endurance.
Eso esta claro , para esas aventuras es más importante la cabeza que otra cosa . Pero el que tengáis una cabeza privilegiada para ese tipo de retos , no siginfica que no sea demasiado sufrimiento para cumplir vuestro objetivo.
Sin creer que tenga razón , hay maneras más sencillas de sentirse vivo y feliz…..
Otro abrazo para el alma inquieta del Kapi
que buen relato
Gracias Máximo, el Tierra Viva es una experiencia que puede llenar muchos relatos. En una seis días vivimos lo mismo que durante varias semanas de actividad en la vida cotidiana, una buena sobredosis emocional que nos tiene enganchados en el mundo de los raids de deportes de aventura. El siguiente capítulo es la sección de bici-trek que nos llevó por la orilla del lago Lolog.