Pocas veces podemos encontrar la cascada del Chorro de Somosierra como estaba hoy…fantástica para montar unos rápeles y flotar sobre el hielo.
Barranco de Vasillo, un rápel de vértigo en la Serranía de Cuenca
Posted: 10/02/2012 in RutasEtiquetas: Serranía de Cuenca, Vasillo
GR-86. Sendero Ibérico Soriano
Posted: 30/01/2012 in RutasEtiquetas: Ágreda, Covaleda, Galiana, GR-86, Moncayo, Nacimiento del Duero, Sendero Ibérico Soriano, Urbión, Vinuesa, Yanguas
Amanece en la cumbre del Urbión. El silencio es absoluto. La brisa es fresca y excitante. El alba estalla y las luces mágicas de las sierras ibéricas se desparraman sobre las interminables arboledas de pinos y robles del valle del gran Duero. Los amables relieves forestales de la vieja frontera castellana despiertan y en unos instantes emergen de la penumbra las bravas geografías glaciares de la sierra de Urbión. Los ejemplares más fuertes y atrevidos de pino silvestre decoran los nichos de granito que fueron esculpidos por los hielos cuaternarios y se refugian solitarios y aislados en los berrocales de la vertiente meridional de la montaña, retorcidos y casi humillados por la intemperie, las ventiscas y el frío. El territorio alpino de las cumbres es un mundo intacto de rocas desnudas, circos glaciares, sugerentes lagunas y bucólicos prados de montaña cubiertos de nieve hasta la primavera. Los paisajes del alto Duero y los Picos de Urbión constituyen uno de los ambientes naturales más sugerentes y evocadores de la génesis montañera y deportiva del Sendero Ibérico Soriano, catalogado en la lista de senderos españoles como GR-86. La ruta senderista dibuja un sinuoso arco sobre la provincia de Soria que supera los 500 kilómetros de caminos rurales, antiguas veredas campesinas, cañadas trashumantes, calzadas romanas y senderos de montaña. Una completa fusión de diversidad natural, cultura popular, patrimonio rural, arte y deporte.
La provincia de Soria es rica en paisajes naturales, tradiciones seculares, poblaciones pintorescas y encanto rural. El Sendero Ibérico Soriano aprovecha todos estos valores y paso a paso enlaza pueblos y despoblados, bosques y estepas, cumbres y valles. El GR-86 es un viaje deportivo y turístico, un camino de paso para completar sin prisas una serie de hitos geográficos y caseríos típicos serranos. Y también es mezcla de estilos artísticos y transición cultural, combinación de arquitectura popular, villas monumentales, castillos, palacios y ermitas. El sendero es escenario de costumbres y ventana humilde y sencilla de los viejos estilos de vida de las gentes de la trashumancia, viajeros nómadas y seculares de las vetustas cañadas que recorren las ásperas tierras sorianas. La vía pecuaria de la Galiana y las dos cañadas reales sorianas, la Oriental y la Occidental, han cuajado la vida rural de las comarcas sorianas hasta finales del siglo XVIII, cuando laMesta perdió el poder social y económico que tuvo durante cinco siglos. Fachadas blasonadas, edificios nobles, fiestas populares, recetas culinarias y paisajes transformados por el paso de los grandes rebaños de merinas evocan los tiempos gloriosos de la ganadería trashumante en las sierras sorianas.
El Sendero Ibérico Soriano es un viaje pausado y sereno, un camino de pueblo a pueblo, de sierra a sierra, de camino medieval a cañada pastoril, del bosque interminable al desfiladero deslumbrante, de la ermita románica, al puente de piedra y el mercado popular. El GR-86 es un sendero que se puede realizar en cualquier sentido, tomando como punto de partida alguno de los recoletos pueblos del itinerario y caminar con el instinto siguiendo las marcas rojas y blancas. Los postes de madera y los paneles informativos de la ruta sugieren y proponen, dirigen y orientan, llevan al viajero senderista por los rincones más hermosos de la provincia de Soria y dejan a cada uno sentir, buscar y emocionarse a su gusto. El mejor destino del sendero de gran recorrido es sencillamente experimentar los densos y sugerentes paisajes sorianos.
Ágreda es un excelente lugar para comenzar a caminar. El conjunto urbano contiene interesantes huellas del arte y la historia medieval en las calles y monumentos. Tiene restos de murallas árabes y dos puertas de la época califal. También conserva el trazado original de su antigua judería y una antigua sinagoga. Los cristianos levantaron palacios, iglesias, torres y conventos. Ágreda parece vivir en otro tiempo, cuando convivían en la villa soriana judíos, cristianos y musulmanes cultivando las hermosas huertas del valle del Queiles. Los primeros pasos del sendero están marcados por la presencia del Moncayo, montaña de fronteras y antiguas culturas; de cumbres míticas y valles tenebrosos; de miradores fantásticos y tranquilos pueblos de alma rural que han inspirado los relatos legendarios de ilustres plumas de la literatura. El monasterio cisterciense de Veruela fue residencia temporal del poeta romántico Gustavo Adolfo Bécquer, entre 1863 y 1864, periodo de retiro mundano junto a su hermano Valeriano que aprovecho para escribir Cartas desde mi celda y otras obras.
El pico Moncayo es el techo del Sistema Ibérico y un extraordinario balcón natural de nordeste peninsular. Desde sus magníficas geografías se otean paisajes inabarcables desde los Pirineos hasta los suaves relieves del Sistema Central.Macizo de sierras míticas, valles solitarios y culturas milenarias es frontera natural entre Castilla, Navarra y Aragón, separando, o uniendo según se mire, laMeseta y la Depresión del Ebro. A sus pies se extiende los paisajes de los somontanos sorianos, un hermoso territorio poblado desde la prehistoria y plagado de valores naturales, cultura popular y viñedos rodeados de matorral mediterráneo. Las laderas septentrionales conservan excelentes masas forestales de carácter mediterráneo en transición al bosque boreal eurosiberiano, con presencia de hayas en las zonas expuestas a los frentes húmedos del Atlántico. El carrascal y el matorral de coscoja cubren gran parte de la vertiente sur de la montaña, por donde asciende la variante del GR-86 que sale de Fuentes de Ágreda y asciende a la cumbre delMoncayo, visitando el pintoresco pueblo de Cuevas de Ágreda.
En Ólvega el GR-86 entra en la solitaria sierra delMadero y atraviesa el paso de la Cruz Verde siguiendo las trazas de un viejo camino real. La encina es el árbol ibérico por excelencia, insignia de los bosques mediterráneos y protagonista forestal en los primeros paisajes de la ruta. Cerca de los pueblos y en zonas de suelos profundos y húmedos aparecen robles y quejigos, algunos de tamaño monumental clavados en lugares aislados de la sierra, vigilando en silencio las viejas piedras del itinerario 27 de Antonino, la calzada romana que comunicaba Asturica y Caesaraugusta entre el valle del Duero y la cuenca del Ebro. El sendero de gran recorrido deja la vía romana, pasa porMatalebreras y continúa por los caminos forestales de la sierra delMadero. El castillo deMagaña aparece a la vista mucho antes de entrar en el pueblo. Esta considerada la fortaleza señorial levantada en el siglo XV más importante de la provincia de Soria. El recinto está construido en mampostería alrededor de una torre del homenaje que ya existía como atalaya defensiva en el siglo X para vigilar el valle del río Alhama, paso estratégico a los desolados páramos de las Tierras Altas.
A partir deMagaña aparece un territorio abatido por la despoblación. El paisaje es una sucesión de escarpados barrancos y montes áridos modelados por la ganadería y las actividades pastoriles de los últimos siglos. Es difícil pensar que durante la EdadMedia esta comarca estuvo en la cima de la economía rural castellana. Las casas blasonadas de San PedroManrique, donde cada noche de SanJuanse celebra el popular Paso del Fuego; los edificios de los nobles y hacendados hijos del Concejo de laMesta, en Yanguas; o el palacio de losMontenegro, en Almarza; son el recuerdo de la gran tradición de ganaderos mesteños que forjaron la cultura popular y el paisaje de unas sierras sumergidas en la herencia trashumante. Por el camino se pasan varios despoblados de casas de piedra que fueron abandonados a mediados del siglo pasado, desamparados y evocadores rincones de las geografías sorianas en las Tierras Altas. Las marcas rojas y blancas discurren la mayor parte entre antiguos bancales de cultivo poblados de plantas espinosas y flores aromáticas, ásperos ramilletes de vegetación que durante la primavera y el verano alfombran el campo de flores amarillas, rosas y violetas. El ambiente es agreste y baldío. Las etapas son largas y trasmiten sensación de viaje y lejanía. Las densas manchas de haya y roble de las sierras deMontes Claros y Cebollera rompen el domino del matorral mediterráneo y aportan sombra, protección, color y belleza al paisaje.
La etapa de El Royo a Vinuesa mete al sendero en la extensa masa forestal de los pinares de Urbión, formada por interminables arboledas de pino albar (Pinus silvestris) y pino laricio (Pinus laricio), con ejemplares que han llegado a impresionantes estados de madurez y desarrollo. El GR-86 entra en el valle del Duero y el ambiente de la ruta se transforma en un mar de pinos tiesos y enormes. El río Duero nace humilde y discreto en el paraje de las Fuentes del Duero, un emboscado manantial en la falda de los Picos de Urbión, cerca del pueblo de Duruelo de la Sierra. Al parecer el nombre del lugar es de origen celta y significa pequeño Duero o Duero niño. Las frías aguas de montaña del gran río castellano enseguida huyen de las geografías serranas por Vinuesa, Soria y Almazán, camino del apacible páramo soriano, y dibujan una sinuosa arteria fluvial en las provincias de Soria, Burgos y Valladolid que durante siglos fue una inquebrantable frontera natural entre los reinos cristianos y el imperio musulmán, protegida mediante multitud de torres, atalayas, puentes y fortalezas sobre antiguos emplazamientos romanos y castros arévacos.
El GR-86 sale de Vinuesa por el trazado de la cañada de la Galiana, pasa el viejo puente romano del Duero y deambula por la gran vega emboscada del río castellano a los pies de los Picos de Urbión, dejando a la derecha los pueblos serranos de Covaleda y Duruelo de la Sierra. Antes de abandonar definitivamente los paisajes pinariegos el sendero recorre el espectacular desfiladero calizo del río Ucero, refugio de rapaces y santuario templario en el medievo. En la salida de la garganta se pasa por la ermita de San Bartolomé, una joya del románico rural soriano en un paraje de leyenda.
La vega agrícola del río Ucero lleva a El Burgo de Osma, ciudad monumental, histórica y medieval, sede episcopal desde los primeros tiempos del cristianismo y estratégica plaza fuerte en la EdadMedia, conquistada, perdida y reconquistada sucesivamente por árabes y cristianos. En el siglo XII la villa pertenecía al cabildo, que incluía la propiedad del castillo de Osma y las plazas de los alrededores. En el siglo XV fue cercada por murallas y torres de defensa. El magnífico porte de la catedral llama la atención desde lejos; y por encima la inmensa torre barroca de 72 metros de alto construida en 1767. De la plaza de la Catedral salen a repartirse por la villa una serie de callejuelas empedradas y plazoletas medievales donde hay palacios, casas señoriales con cuatro siglos de antigüedad y pintorescas esquinas de ladrillo, piedra y madera. En los comedores de los soportales de la calleMayor se pueden probar asados de cordero y cabrito. Y en las tiendas venden legumbres, embutidos y dulces locales, como la torta de beato, un buen avituallamiento para tomar en algún momento de la travesía. El GR-86 deja la ciudad por el paseo peatonal del río Ucero y a la altura del puente medieval sube a las ruinas del castillo de Almanzor, en la montaña de Uxama. Las vistas son espléndidas. La silueta más llamativa y singular del horizonte es el castillo de Gormaz, levantado por los árabes en siglo X a orillas del río Duero para defender el imperio musulmán de la presión cristiana. Considerada una de las fortalezas más grandes de Europa y enclave estratégico en los primeros tiempos de la Reconquista, la fortaleza califal de Gormaz emerge en el paisaje del Duero dominando campos, pueblos, historias y leyendas. Las murallas tienen un perímetro de 730 metros, aprovechando completamente la meseta de un magnífico cerro castillero, guardadas por 24 torres y varias puertas. El lugar aparece nombrado en el Cantar deMío Cid en varios versos de la ruta de Corpes, cuando los soldados del Campeador volvían a Valencia con doña Elvira y doña Sol después de ser rescatadas en Castillejo de Robledo tras sufrir la afrenta por parte de los infantes de Carrión. Los guerreros castellanos tardaron cien años en conquistar la plaza y atravesar el puente durante la Reconquista.
En Quintanas de Gormaz nace una variante del GR-86 que se dirige a Almazán, atravesando los magníficos bosques de pino resinero que pueblan el centro de la provincia. El itinerario principal del trekking visita Gormaz, pasa por Recuerda y sube a Brías, un lugar medio abandonado donde se pueden ver una ermita románica, un palacio barroco y una iglesia también barroca, del siglo XVI, construida bajo la advocación de Nuestra Señora de la Calzada, en honor a la vía romana que pasaba por la población.
Las últimas jornadas de la gran travesía soriana se acercan al límite de la provincia por el entretenido desfiladero del río Talegones y Retortillo de Soria, villa señorial defendida por un recinto amurallado abierto con dos puertas, una en la parte alta, cerca de la iglesia gótica de San Pedro; y otra en la vega, llamada de Sollera, custodiada por dos elegantes torreones circulares. En Torrevicente sale la variante de Lumías, una opción interesante para conocer completamente las bellezas naturales y geológicas de la hoz del río Talegones y visitar una de las muestras más interesantes de arquitectura popular de la zona. Otra variante recomendable sale de Losana, pasa por Tarancueña y recorre la garganta del río Caracena, un espectacular cañón calcáreo y buen lugar de nidificación y caza de buitre leonado, águila real, cernícalo, alimoche y halcón peregrino.
La ruta recorre los paisajes largos y apacibles de la sierra de Pela, antigua frontera entre imperios y culturas, y geografía mítica en la ruta del destierro del Cid Campeador, cuando tuvo que abandonar Castilla en el plazo de nueve días establecido por el rey Alfonso VI, cruzando la sierra que separa el reino castellano de la taifa musulmana de Toledo en compañía de un pequeño ejército de trescientos caballeros. El sendero termina en el yacimiento arqueológico de Tiermes, uno de los focos más importantes de resistencia celtíbera a la dominación romana, junto a Uxama y Numancia.
Bibliografía
Información completa del trekking, con descripciones detalladas de cada etapa y mapas topográficos en Sendero Ibérico soriano. GR-86, GR-86.1, GR-86.2. VV. AA. Diputación Provincial de Soria. 1998.
Guía turística y monumental de la Ribera del Duero. Pascual izquierdo. Consejo Regulador Denominación de Origen Ribera del Duero. 1998. Dedicada a los atractivos turísticos, artísticos y culturales del valle del Duero.
www.dipsoria.com/GR86SORIA/. Información general del recorrido por etapas. Descripción general de los paisajes y teléfonos de interés, incluidos alojamientos, camping y centros de salud.
Oxígeno 40, 114 páginas de pura acción
Posted: 24/01/2012 in UniversalEtiquetas: aconcagua, Bicicleta de montaña, Gredos, lofoten, Teverga
El número 40 de la revista Oxígeno sale con una portada espectacular y un contenido de número doble, o triple, porque vamos a necesitar varios meses para gastar algunas de las propuestas que nos sugiere el equipo de redactores y colaboradores de Elena Moro. Hay vías de hielo para todos los niveles en la sierra de Gredos, raquetas en el Prepirineo, un pedazo de artículo con todas las claves para ascender el Aconcagua, el techo de América, una aventura invernal en Lofoten, una selección de las últimas novedades de bicicletas de montaña, la Guía Explorer y las secciones habituales. Los runners y los orientadores también están de suerte ¿por qué? hay que mirar el interior.

Mis deberes este mes han sido una selección del Top Ten de rutas MTB repartidas en toda la geografía española y para todos los gustos. Acércate al quiosco y ves planificando el año para no perderte ninguna.
Y mi habitual ruta en familia. Este mes a un rincón del valle asturiano de Teverga.
Vuelta al macizo de la Tornera en bicicleta de montaña, la montaña olvidada
Posted: 22/01/2012 in RutasEtiquetas: alpedrete de la sierra, andes de la patagonia, patagonia argentina, provincias de madrid, puebla de la sierra, pueblos negros
Las moles de la Peña de la Cabra (1.831 m) y la Tornera (1.866 m) constituyen un soberbio bloque de esquistos desnudos y afiladas pizarras en forma de herradura gigante sobre el valle de Puebla de la Sierra, llamada con el sobrecogedor nombre de Puebla de la Mujer Muerta hasta mediados del siglo pasado. La Peña de la Cabra muestra una silueta desafiante y enérgica y es la cumbre popular en estos solitarios montes de la sierra del Rincón, que marcan los límites entre las provincias de Madrid y Guadalajara. Y la Tornera es la montaña olvidada, con accesos más largos y relieves menos escarpados.
Dentro de tres semanas viajo a los Andes de la Patagonia argentina para participar en el raid Tierra Viva con mis compañeros del BUFF. La organización nos ha contado que las secciones de bicicleta son largas pedaladas por pistas interminables de bajo nivel técnico, bastante orientación y mucha resistencia. Unas características que van muy bien a las Alma de Orbea, nuestras fieles compañeras de equipo, y con ella he pasado la mitad del fin de semana dando pedales en las desoladas montañas de la sierra del Rincón. Un lugar excelente para entrenar este tipo de aventuras ciclomontañeras son los macizos montañosos de la sierra del Rincón, el alto Jarama, los valles de los “pueblos negros” de Guadalajara y los territorios del valle del río Lozoya en las inmediaciones del embalse del Atazar. La vuelta al macizo del pico de la Tornera reúne una buena combinación de pistas ciclables con todo tipo de desniveles (30% en las horquillas de Cabezas), muchos cambios de ritmo y un tramo largo por carretera al final para terminar de fundir las patas.
El punto de partida es el pueblo de El Atazar. Una pequeña trampa porque así me obligaba a terminar la ruta apretando hasta el final. A las nueve de la mañana estaba a cero grados y la primera hora la pasé calentando por la pista que comunica El Atazar y Alpedrete de la Sierra. Es un territorio que conozco bien y aunque hay varios cruces conflictivos en el barranco del arroyo de Robledillo no paré hasta la plaza de Alpedrete, pero hasta el agua de la fuente estaba helada y salí pitando a buscar el sol en el camino del Canal y la pista que recorre la falda del pico de la Centenera. El camino es un rompepiernas que va saltando varios barrancos hasta el arroyo de la Gazachuela, donde comienza la primera subida importante. Antes de coronar el collado de las Majadas aparece una pista muy empinada a la izquierda que hace un par de horquillas, desciende por la falda de una loma de jaras y se mete en una sucesión de horquillas infernales hasta las cumbres gemelas de Cabezas. Y a disfrutar un largo y merecido descenso por el collado de la Barrina hasta la pista del embalse del Vado y el arroyo de la Vallosera.
La subida al pueblo negro de La Vereda es más suave de lo que aparenta. El firme es excelente y el lugar muy pintoresco, una de las mejores muestras de la típica arquitectura negra de la serranía de Guadalajara. Poco después hay una fuente y más adelante un cruce en cruz que se toma a la izquierda para comenzar otra larga subida. El cansancio se nota y aunque la pendiente no supera el 14 por ciento hay repechos que buscaba entretenimiento mirando las descomunales arquitecturas de pizarras oscuras de la cara norte de la Tornera.
La primera parte de la subida termina en el collado de San Cristóbal. La pista entra en la vertiente norte de la montaña. En el paisaje aparece el grandioso valle del alto Jarama y las cumbres del Cerrón, el Santuy y otros grandes cerros escoltas del pico del Lobo. El camino pasa por los collados de Míjar y de la Vihuela y toma un desvío a la izquierda que sube al collado de las Palomas. En este tramo encontré bastante nieve y tuve que caminar un buen rato.
Al pasar a la cara sur esperaba encontrar el firme más seco pero la pista seguía cubierta por cuatro dedos de nieve y bastante barro en las zonas soleadas donde había comenzado el deshielo. De todas formas el snowbike duró poco porque enseguida tomé un descenso a la derecha que baja a Puebla de la Sierra por un cordal de piedra suelta. La pista que faldea el pico de la Tornera por el sur sigue a cota hasta el collado de la Pinilla y después baja directa a El Atazar, pero elegí el camino más largo para rodar por la carretera unos kilómetros.
La carretera es un largo subibaja mientras dibuja los barrancos de la falda de la Peña de la Cabra hasta la colina de la loma de los Matachines, donde hay unas antenas de comunicaciones. La carretera baja hacia Robledillo de la Jara y justo en el camino de acceso a las antenas aparecen las marcas y los postes del sendero de gran recorrido GR-300 en direción El Atazar. Los hitos del sendero siguen una pista ancha y clara que baja al río de la Puebla y sube a las casas de El Atazar.
En total han salido 95 km, 2350 m positivos y siete horas y media. El tiempo se puede bajar pero toda la subida al collado de las Palomas por la umbría del pico Cabeza del Viejo estaba cubierta de nieve.
Un interminable mundo verde de bosques, pastos, vegas y bellas aldeas rurales espera al peregrino en el Camino de Santiago por la costa del Cantábrico, conocido también como Camino del Norte, una ruta tranquila y apacible con olor a salitre, brisa marina y eucaliptos.
La primera vez que mantuve relaciones con el Camino de Santiago fue hace casi veinte años durante un viaje cicloturista en compañía de mi hermano y nuestro amigo Lucas. Recuerdo con cierta nostalgia los plácidos paisajes de la campiña riojana y burgalesa, la serena desolación de Tierra de Campos, la ropa calada por la lluvia y el cuerpo empapado hasta dejarme helado, las noches de compañerismo en los pórticos de las iglesias durmiendo en refugios improvisados, la sugerente invasión en la vida rural íntima y profunda del campesino gallego, el descubrimiento del lenguaje de las piedras en los templos románicos, los curiosos personajes que viven, conviven y se buscan la vida a la vera del Camino y la búsqueda diaria de las flechas amarillas que nos llevaron a la plaza del Obradoiro.
Pero sobre todo recuerdo que aquellas dos semanas en bicicleta por el mítico “camino de las estrellas” al Finis Terrae me dejaron completamente seducido, sin comprender entonces el motivo real del hechizo.
En todos estos años he vuelto a la ruta jacobea en multitud de ocasiones por motivos profesionales o para viajar de nuevo por la vieja ruta peregrina en compañía de familiares o amigos. Y creo que ya he descubierto el motivo del extraño enamoramiento, el mismo que empuja todos los años a miles de personas de diversas nacionalidades a encontrarse en una de las redes sociales al aire libre más grande, popular y viajera de todos los tiempos.
El hábito de peregrino jacobeo provoca una transformación vital en los seres humanos. Durante unos días regala a cada persona la posibilidad de llevar una vida nueva, un “perfil” único y particular que permite vivir una experiencia intensa al margen de la condición social, económica, religiosa e intelectual. El Camino de Santiago es pura seducción.
El Camino del Norte es una de las vías jacobeas más importantes del Camino de Santiago por el peso histórico en los anales de las peregrinaciones compostelanas y la variedad y calidad ambiental de los paisajes. El trazado actual recorre los mismos escenarios de la costa del Cantábrico y el interior de Galicia que visitaron los primeros peregrinos compostelanos procedentes de Flandes, Inglaterra y Francia hace mil años. En aquellos tiempos los indefensos romeros no tenían recursos para enfrentarse a la dureza geográfica del litoral y buscaban seguridad y cobijo en las aldeas ganaderas del interior. Los peregrinos más osados y aventureros esperaban la bajamar para atravesar las pequeñas calas cántabras y astures jugándose la vida. Algunos terminaban devorados por las fieras salvajes o eran arrastrados por el oleaje. Y no hay que olvidar el obstáculo geográfico que suponía salvar las numerosas rías que salpican el litoral, atendidas, en el mejor de los casos, por barqueros que cobraban una cantidad determinada por las travesías.
La primitiva ruta de la costa entra en España por la vieja frontera del río Bidasoa, en Irún, y en Hondarribia inicia un entretenido recorrido por los montes vascos que construyen el verde litoral cantábrico, visitando pintorescos pueblos pesqueros y las bulliciosas ciudades de San Sebastián y Bilbao, saliendo del País Vasco por el remodelado corredor industrial del Nervión y la vía verde del Cobarón. En bicicleta es un duro rompepiernas y a pie también resulta exigente y requiere buena preparación física para salvar las brechas costeras y el mítico monte Arno.
En Cantabria se vive el espíritu jacobeo tradicional en las travesías en barca de las bahías de Santoña y Santander, evocando a los romeros medievales que debían negociar con los pescadores locales el precio de los pasajes. Las flechas amarillas entran en el Principado de Asturias por la villa indiana de Colombres, sede del Museo de Indianos y espléndido umbral del zócalo costero asturiano hasta las grandes urbes de Gijón y Avilés, bellas poblaciones de playa y mar marcadas por la industria pesada de la siderurgia. El mundo verde de la costa cantábrica vuelve enseguida y se mantiene por todo el Oriente asturiano hasta el puente de los Santos, levantado sobre el río Eo antes de llegar a Ribadeo y entrar en Galicia, donde la ruta se despide de la brisa marina, las playas y los pueblos pesqueros para entrar en el mundo rural gallego.
El Camino del Norte del siglo XXI, como el resto de “caminos compostelanos”, es un itinerario cultural y turístico, además de ser una ruta de fe, ofrecer la posibilidad de realizar un viaje deportivo, mantener despierta la curiosidad y vivir una experiencia particular de relaciones humanas y superación personal en paisajes de seis provincias del norte peninsular. Los diseñadores del trazado actual aprovechan todos los desvíos posibles para sacar a los peregrinos de las carreteras principales y buscar recorridos seguros. Al mismo tiempo ofrecen la posibilidad de conocer los atractivos patrimoniales, históricos y artísticos de las poblaciones; charlar con las gentes del Camino; y vivir tranquilamente los escenarios rurales sin agobios de tráfico.
En el siglo XVI el puerto gallego de Ribadeo contaba con hospital de peregrinos y se juntaban centenares de romeros en los arrabales del barrio da Ponte para afrontar juntos el tramo final de la ruta hasta Santiago. La salida de Ribadeo por los caseríos de Ove y el monte de Santa Cruz es un reto para las piernas y un placer para los sentidos. Aldeas de piedra, bosques, montes interminables, pastos inmaculados, caminos solitarios y aromas esenciales de naturalezas intactas nos acompañan hasta Lourenzá, fundada en el siglo X en torno al monasterio benedictino de SantaMaría, donde los peregrinos eran atendidos y curados de males, penas y dolencias. El albergue actual es un acogedor edificio en la salida de la población, antes de atravesar más bosques, aldeas y ermitas para llegar al conjunto histórico-artístico deMondoñedo por el puente medieval de San Paio. En la EdadMedia los peregrinos entraban por el Ponte do Pasatempo, recorriendo las viejas calles empedradas hasta la catedral de SantaMaría, un hermoso templo románico del siglo XIII.Mondoñedo es conocida por ser la sede de “una de las más antiguas y venerables iglesias de España” y por su famosa tarta, desplegada en todos los escaparates de las reposterías locales.
La subida al alto da Xesta es el tramo más duro del Camiño Norte en Galicia. En la aldea de Lousada termina el asfalto y hay que echar pie a tierra para empujar las bicicletas por un rampa infernal que sube a las primeras colinas de la Chaira lucense, un mar de hierba adornado con forma góticas. La Terra Chá es una de las comarcas más desconocidas del interior de Galicia. El Camino del Norte visita Abadín, Goiriz, Vilalba, capital de la comarca y sede de la casa de los Andrade, Alba, Torre y Baamonde, completando una extraordinaria sucesión de paisajes naturales, cementerios neogóticos, rústicas aldeas, puentes medievales, cruceiros, ermitas y santuarios rurales.
La fantástica colección de paisajes esenciales del medio rural gallego continúa por el municipio de Parga y las sierras de Cova da Serpe y Corno do Boi, un amable eslabón geográfico entre las provincias de Lugo y La Coruña antes de bajar al mítico Sobrado dos Monxes que agota las últimas energías del cuerpo después de tantas jornadas peregrinas. El popular albergue de Sobrado ocupa una parte de las dependencias del antiguo hospital de peregrinos. En el año 1773 durmieron en el monasterio 8.000 romeros compostelanos y 3.000 viajeros. La iglesia es una impresionante construcción de filigranas barrocas del siglo XVII levantada sobre los cimientos del templo románico original. La visita a los claustros del monasterio está guiada por un moje y es obligada para conocer una pieza clave en la cultura jacobea del Camino del Norte.
En Arzúa se produce el gran encuentro con el Camino Francés, la gran arteria peregrina actual. A partir de aquí la ruta es una “fiesta”. La última etapa del Camino de Santiago es recorrida a diario por centenares de personas y se produce un hermanamiento especial entre todos. Senderistas y cicloperegrinos de todas las edades ven muy cerca la meta cumplida y comparten las excitantes sensaciones. Galicia es un estímulo para los sentidos, que en estos lances del viaje están a flor de piel. Calzada, Calle, Brea, A Rúa, Lavacolla,Monte do Gozo…., nombres que evocan diez siglos de peregrinaciones hasta la plaza del Obradoiro y el sepulcro del Apóstol marcan las últimas pisadas de la gran aventura peregrina.
Camino del Norte. Juanjo Alonso. Ediciones Desnivel.
Camino del Norte en BTT. Juanjo Alonso. Ediciones Desnivel.
Un viejo proverbio sioux dice “donde pone el hombre la planta pisa siempre cien senderos”. Caminar y descubrir es la principal motivación de todos los aficionados a las grandes travesías senderistas; descubrir sensaciones y emocionarse delante de hermosos paisajes. Por eso hemos preparado el macuto para una nueva travesía y nos marchamos a las bellas montañas de La Rioja, escenario del GR-93. Los valles de las sierras riojanas están surcados por infinidad de caminos emboscados amarrados al recuerdo de un pasado rural inmutable y fiel a los viejos estilos de vida. El sendero de gran recorrido enlaza veredas, pistas forestales y antiguas cañadas pastoriles, reuniendo para el caminante una extraordinaria sucesión de naturalezas vivas y desbordantes en los rincones más alejados y solitarios de las montañas riojanas.
Los altos valles riojanos del Sistema Ibérico dibujan una enrevesada y seductora morfología de naturalezas geológicas y forestales únicas y originales. Rincones vistosos y sugerentes premiados con el recuerdo impasible de un pasado rural conservado en el sosiego de sus conjuntos urbanos, repletos de casas blasonadas y arquitectura popular; decorados con bosques interminables de robles, hayas y pinos; marcados por las secuelas geográficas de una intensa acción orogénica; y salpicados de hermosas dehesas pastoriles cubiertas de hierbas y flores donde los seres sensibles se olvidan de todos los destinos.
La Demanda, con su popular pico San Lorenzo, nombre del mártir al cual la tradición atribuye haber traído a España el Santo Grial, es la gran sierra por donde se desarrolla la etapa más montañera del GR-93. El intrincado sendero se atreve con sus altos collados, que conservan la nieve hasta finales de la primavera; visita el santuario de la Virgen negra de Valvanera, encontrada dentro del tronco de un árbol por el eremita Nuño, el ladrón que se convirtió en santo; recorre frondosos hayedos, salva profundos barrancos y supera las estremecedoras soledades de la alta montaña riojana antes de penetrar en la Tierra de Cameros, tierra del queso, la oveja y la trashumancia, como escribió en el siglo XIII el primer poeta de la lengua castellana Gonzalo de Berceo: “Unas tierras dan vino, en otras dan dinero / en aguna cevera, en alguantas carneros. / Fierro traen de Alaba en cuños de aceros / quesos dan en ofrendas por todos los Cameros”.
El sendero GR-93 también nos invita a viajar al pasado y conocer, mediante centenares de pisadas fósiles, la etapa del mundo primitivo cuando los dinosaurios dominaban la fauna y flora del planeta. Entre Cornago y Enciso la ruta visita varios yacimientos de icnitas de los dinosaurios que habitaron las tierras de La Rioja en el Cretácico, mientras comenzaba el período geológico del inicio de los movimientos continentales. En aquella época el territorio riojano era un inmenso pantanal de suelos embarrados y frondosos bosques de clima tropical. Los pesados mastodontes dejaban sus rastros “impresos” en el barro y al secarse las huellas se hacían resistentes a los agentes erosivos, quedando cubiertas de sedimentos que con el paso del tiempo se convertían en rocas. La cuenca alta del Cidacos, los valles de los ríos Linares y Alhama, y la cuenca media del río Leza, son una ventana abierta al pasado del “mundo jurásico”. En el entorno de los yacimientos abundan también los fósiles de conchas, caracolas, bivalvos, gusanos y plantas.
Los cinco siglos de cultura mesteña marcaron la época gloriosa de los pueblos serranos de La Rioja. La mayor parte de los habitantes de las sierras riojanas eran pastores que pasaban los inviernos en las cálidas tierras de Extremadura y el verano por las montañas del Sistema Ibérico. Los caseríos eran lugares de paso, de estancias temporales y vida familiar entre los cambios de estación y los movimientos de las grandes romerías ganaderas. En los grandes valles riojanos hay vestigios de los celtas, restos de una calzada romana en el valle del Iregua; huellas de visigodos y musulmanes, pero fueron los rebaños de la Mesta y su poder económico y social, los que realmente definieron la personalidad y tipología de la arquitectura popular de los pueblos serranos que recorre el sendero GR-93, rústicos caseríos de recios muros de piedra, estructurados en calles empedradas, angostas y empinadas a ambos lados de una vía principal, la vieja cañada ganadera, que debía permitir el paso de los rebaños de merinas y su cortejo de pastores, zagales, mastines y carromatos.
El sendero de gran recorrido, en un deseo de acercamiento a la importante herencia mística y religiosa de La Rioja, visita varios enclaves fundamentales en la historia cultural de una tierra que a lo largo del tiempo ha cautivado a personas de diferentes ideologías y corrientes espirituales, fraguando un valioso entramado de hitos simbólicos y monumentales. Monjes eremitas, frailes constructores, judíos cabalistas, bandidos iluminados y poetas ilustrados han sembrado los altos valles riojanos de santuarios, ermitas y acontecimientos trascendentes en la memoria colectiva y las devociones de sus pueblos. Los monasterios de Suso y Yuso, en San Millán de la Cogolla, y los pueblos y parajes de sus alrededores, son el centro neurálgico que eligieron santas, santos y anacoretas a partir del siglo VII para buscar su particular plenitud espiritual en enclaves considerados sagrados desde épocas remotas. Tiempos después, en el siglo XI, un grupo de monjes benedictinos comenzaron su vida monacal en el paraje donde apareció milagrosamente una Virgen negra envuelta en un enjambre de abejas, en el apartado monasterio de Valvanera, a los pies del pico San Lorenzo, montaña sagrada de los Templarios y de otros muchos antes que ellos.
Descripción detallada de las etapas en: Guía del Sendero GR-93 Sierras de La Rioja. Centro de Información y Promoción del Medio Rural de La Rioja (CEIP).
La naturaleza es un territorio fantástico para descubrir en familia. Los niños tienen la necesidad de vivir nuevas experiencias que contribuyan a su formación personal y cuando salen a la montaña se sienten profundamente atraídos por los acontecimientos del medio ambiente. La diversidad de texturas, volúmenes, sonidos, formas y elementos naturales, unida a la curiosidad infantil, convierte el monte en un fascinante territorio de juegos y diversión que facilita el desarrollo de sus sentidos y creatividad, las habilidades motrices de su cuerpo, la inteligencia y la comunicación.
La finalidad de un paseo o excursión con niños por el bosque o la montaña no es conseguir “llegar” a un determinado lugar. A los chavales no les preocupan los retos deportivos ni coleccionar cumbres. El éxito de una escapada en familia es “estar y descubrir” un espacio natural, pasar un día de campo divertido y alegre, estimular la voluntad y la imaginación, despertar amor y respeto por la cosas vivas y apreciar el valor estético de los elementos animales, vegetales y minerales que constituyen la naturaleza.
Consultar el mapa climatológico para preparar el equipo adecuado y elegir la ruta. Un día de calor es mejor caminar por la frondosidad de un bosque, recorrer la orilla de un arroyo o visitar una cascada. Con lluvia o posibilidad de tormenta hay que pasear en el entorno de algún refugio, por los alrededores de las poblaciones o una senda ecológica cerca del centro de interpretación de un espacio protegido. Los días previos a la excursión son buenos para hablar a los niños del lugar que van a descubrir el fin de semana: una cascada, un árbol monumental, un pozo de nieve, un bosque de colores o una laguna helada. Al mismo tiempo se pueden planear juegos y actividades para el día de la ruta: construir una cabaña, hacer una presa en el arroyo, recolectar hojas en el hayedo, fotografiar insectos o iniciarse en el deporte de la escalada, dependiendo de la ruta elegida. De esta forma se despierta en los chavales el ánimo y la voluntad de salir al monte para pasar un día divertido.
Es importante informase y conocer los valores ambientales del territorio que vamos a visitar con publicaciones especializadas. Los adultos somos los guías y modelos de los niños y debemos procurar tener respuestas a sus preguntas y estímulos cuando quieren distinguir una especie vegetal de otra, conocer una hoja, interpretar las formas y movimientos de las nubes, distinguir los tipos de rocas y minerales o conocer un pájaro por el sonido del canto. Una forma de animarles es dibujar “su” mapa de la excursión en casa y que ellos jueguen a dirigir el grupo y planificar la ruta en el monte, decidiendo el lugar del campamento para la comida, los lugares de vadeo, las paradas o los sitios de actividades.
Lo que más le gusta a los chavales es salir al monte con su grupo de amigos. Los niños solos con sus padres suelen aburrirse y andan menos. En cambio, cuando van con otros críos están más animados y ocurrentes, siempre están dispuestos a cualquier actividad, compiten entre ellos por ser los mejores en las acciones cotidianas de la excursión y eso les obliga a compartir y desarrollar la imaginación. La naturaleza exige una dinámica particular de movimientos y aptitudes para desenvolverse adecuadamente por el territorio del medio ambiente lejos de la rutina diaria del cole, la tele y los videojuegos. Aprender en grupo el dominio y control de ese dinamismo imprevisible y fascinante de los elementos naturales es la mayor experiencia que se llevan a casa los chavales después de un buen día trepando por las rocas, subiendo a los árboles, saltando ríos o persiguiendo mariposas con los amigos.
Atención al agua, especialmente en temporadas de altas temperaturas, días calurosos o zonas de alta montaña. Los niños necesitan hidratarse mucho más que los adultos. Por dentro y por fuera. En ocasiones es tan importante beber agua, zumos o bebidas isotónicas como mojar la cabeza, la nuca, los brazos y las piernas de los chavales para proporcionar una temperatura corporal que les mantenga animados y activos. En época veraniega es importante elegir rutas con fuentes, manantiales o arroyos. Un truco para mejorar la hidratación es añadir al agua algún tipo de sales minerales del sabor que más agrade a los niños para que no se cansen de beber. Hay marcas con sabor a limón, chocolate, naranja y otras variedades.
Por norma general los niños no quieren llevar peso en la mochila; y muchas veces ni siquiera llevan mochila. Lo que significa que los adultos se “sacrifican” por el éxito de la excursión y cargan con la ropa de repuesto, los impermeables, el agua y la comida de todos. De momento vamos a plantear el senderismo con niños desde puntos de vista que sirvan para introducir a los más pequeños en el mundo natural sin demasiado esfuerzo, de manera que se aficionen a salir al monte para descubrir y experimentar. Con el tiempo, algunos se convertirán en expertos senderistas y no necesitarán la ayuda de nadie para caminar por el medio ambiente; o sencillamente serán ellos quienes tendrán que llevar la mochila de sus hijos, incluida la comida. En la alimentación de campo deben predominar las barritas energéticas o galletas de la marca preferida de los chavales, que generalmente suele ser alguna que tenga trocitos de chocolate; frutos secos dulces y salados, sobre todo almendras, nueces, pasas, higos y orejones; queso, jamón cocido y atún. La fruta es incómoda de llevar y se pueden comer un plátano antes de salir y dejar en el coche más piezas para el final de la excursión. Un truco es llevar una bolsa de “chuches” medio en secreto para los momentos de crisis.
En principio no sería necesario llevar ningún juguete o artilugio artificial a la naturaleza porque se trata de estimular la creatividad espontánea de los niños con las cosas que van encontrado por el camino: piedras, palos, hojas, piñas, bellotas, semillas, rastros de animales o flores. En el caso de la fotografía digital, además de llevarse a casa los mejores momentos de la excursión en la tarjeta de memoria, sirve para introducir a los chavales en el mundo de la botánica, la entomología, la ornitología o algunos de los juegos científicos que ofrece la naturaleza. Una simple fotografía de un escarabajo, una flor, una mariposa posada sobre unas hierbas, una hoja, la huella de un animal, una tela de araña o un pájaro en vuelo, ampliada en el ordenador de casa se convierte en el gran descubrimiento del mundo natural. El resto de accesorios básicos que completan el equipo del pequeño naturalista son los prismáticos, la lupa y el cuaderno de campo.
El gran reto de los adultos es conseguir que los niños disfruten, jueguen y se diviertan en la excursión; y si no llegamos al vértice geodésico o el mirador que estaba previsto ya volveremos otro día. En muchos casos los chavales tienen suficiente creatividad para organizarse ellos mismos los juegos y no paran de inventar actividades. Pero también hay niños que necesitan ayuda para lanzarse a la aventura y es cuando entran en acción los mayores. Un truco es meter en la mochila algunas cosas que pueden servir para desarrollar algunos juegos de campo: gafas de buceo en el caso de rutas de agua, varias cometas pequeñas, piquetas de geólogo para buscar minerales y fósiles, guías de campo para reconocer animales y plantas o libros de actividades al aire libre. Una cuerda es fantástica para hacer columpios, montar tirolinas sencillas, asegurar a los pequeños mientras escalan rocas fáciles, hacer pruebas de fuerza en grupos o aprender a vadear ríos. Las cuerdas de escalada son las mejores porque son finas, resistentes, manejables y los nudos quedan seguros. Para planificar los juegos de cada excursión se pueden organizar en varios grupos temáticos según el medio ambiente: juegos con piedras, juegos con palos secos, juegos con frutos y semillas y juegos de recolectar. Y siempre hay que tener en cuenta que la mejor motivación para que un niño tímido o indeciso se lance a descubrir el mundo natural activamente es ver jugar a los adultos, especialmente a sus padres.
La bicicleta es el gran juguete de los niños en la naturaleza. Para ellos, una excursión en bici no es llegar a un lugar con ella o pedalear para hacer deporte, no es un medio de transporte. Salir en bici es sencillamente jugar con la bici en la naturaleza. Es raro que un niño diga que no quiere salir al monte si lleva la bicicleta. La mayoría de las rutas para pasear en familia suelen discurrir por veredas anchas, caminos rurales y pistas forestales sin grandes desniveles que permiten el paso de bicicletas de montaña y el mismo recorrido se puede hacer en una época en bici y en otra a pie. Los niños entre 5 y 9 años suelen caminar más despacio que los adultos y la bicicleta es un buen recurso para igualar el ritmo entre ambos cuando el firme lo permite.
A partir de un año es una época incómoda para practicar senderismo porque hay que cargar con cantidad de bártulos, incluidos los propios niños. Sin embargo, el contacto con el aire de la montaña, el sol, la intemperie, los sonidos del bosque, el agua de los arroyos, las texturas de los objetos, los colores y el resto de los elementos del medio ambiente producen una serie de sensaciones esenciales en los primeros años de vida, que unidas a la actividad en familia generan un buen ambiente de armonía y bienestar. Para facilitar la tarea existen en el mercado varios modelos de mochilas portabebés que se adaptan a todos los gustos y necesidades, con departamentos para llevar las cosas del crío, sombrilla para el agua y el sol y buenas hombreras para que los padres y las madres soporten todo sin tener que pasar después por el masajista. Como los niños suelen dormirse en la mochila es una buena costumbre llevar una pequeña almohada circular que les sirva de apoyo.
Por encima de todo, de los juegos, el deporte, la diversión, las fotos, el hambre, el calor o la sed, hay que trasmitir a los niños que la naturaleza es la reunión de una serie de ecosistemas fundamentales para la vida en el planeta. Y nuestra misión, como seres racionales y responsables del equilibrio entre progreso y medio ambiente, es conservar e intentar enriquecer toda esa diversidad forestal, geológica y animal. El medio ambiente tiene sus propias normas que van evolucionando y adaptándose a los diferentes ciclos que va experimentando la Tierra como pieza del Sistema Solar y del resto del universo. Y los habitantes del planeta, aunque pensamos que los recursos naturales son ilimitados, nos estamos dedicando a infringir todas esas leyes y estrujar a la naturaleza más de lo que puede soportar. Ha llegado el momento de mirar con respeto y admiración al reino de los bosques, montañas, glaciares, desiertos, mares y el resto de espacios naturales libres y salvajes y hacer todo lo posible para que siga existiendo por el bien de la humanidad.
Información de rutas y excursiones con niños en Bibliografía
Ya está en la calle el número 39 de la revista Oxígeno, el primero del Año Nuevo, con 12 propuestas aventureras para el 2012 y una exposición de los Ultra Trail puntuables para participar en el mítico ultra del Mont Blanc. Y además treking en Suecia, secciones de superviviencia, trucos, sorteos, artículos de técnica, aventuras literarias, material, entrenamiento, comparativa de plumíferos…y un Especial Esquí de Travesía con ¡¡¡50 rutas!!!
Oxigénate y no te quedes sin ejemplar.
Mi colaboración este mes en la revista ha sido un artículo con mucha nieve de Tresmiles “fáciles” en los Pirineos, que incluye el Punta Alta de Comalesbienes (3.014 m), el Tuc de Molières (3.010 m), el Pico del Alba (3.107 m), el Perdiguero (3.221 m) y el Taillón (3.146 m).
En la sección de rutas en familia he llevado a la chavalería al valle de Tavascan para hacer una excursión en raquetas por los paisajes y montañas de la Pleta del Prat, en el Pirineo leridano.
Y también he seleccionado tres rutas, una en BTT y dos a pie, en el Parque Natural del Alto Tajo, dentro del coleccionable Renfe Parques Naturales.
Muy recomendable la entrevista al Tercer Hombre, el equipo que doblegó el Gasherbrum II en invierno, compuesto por Simone Moro, Denis Urubko y Cory Richards.
Lagos, lagunas y humedales, pequeñas maravillas de los paisajes ibéricos
Posted: 23/12/2011 in UniversalLas bellas arquitecturas geológicas de los relieves españoles junto a la compleja combinación de formas geográficas y la diversidad de ambientes climáticos, convierten los paisajes peninsulares en un territorio ideal para la formación de lagos, lagunas, albuferas y humedales, desde los lagos glaciares de los Pirineos, el Sistema Ibérico o el Sistema Central, a las marismas estacionales que sirven de apoyo vital a miles de aves migratorias

La presencia de un lago o una laguna en el paisaje provoca en el viajero de la naturaleza un estímulo especial, un descubrimiento personal de un mundo en miniatura dentro de los espacios libres del medio ambiente. Cada paisaje lacustre tiene una historia particular y define un rico y frágil ecosistema en el espacio que le rodea.
En cualquier lago, laguna, humedal, o en una sencilla balsa de agua que conserve suficientes elementos para participar en el dinamismo de los acontecimientos naturales de su entorno, coexisten interesantes formas geológicas, ambientes acuáticos y comunidades animales y vegetales, provocando el entusiasmo y la fascinación de los observadores y estudiosos de los elementos naturales.
Las condiciones ambientales interrelacionan las transformaciones físicas y geográficas de los lagos y zonas húmedas con las actividades humanas desarrolladas en su entorno. Alrededor de las grandes masas de agua dulce del planeta se han desarrollado remotos procesos culturales que son el origen de las civilizaciones actuales. Pueblos que han intervenido durante siglos en el equilibrio ecológico de los paisajes fluviales con sus costumbres y actividades tradicionales.
El estado de salud de los lagos denuncia el comportamiento del hombre frente a la naturaleza y refleja la situación de la cuenca fluvial que alberga los nichos lacustres, sometida a la presión demográfica, las actividades agrícolas e industriales y la acumulación de sustancias en disolución o suspensión derivadas de las escorrentías de los valles.
Las definiciones académicas de un lago dicen que es “una masa permanente de agua depositada en una depresión del terreno, con comunicación al mar o si ella”, o también “una importante masa de agua dulce o salada en reposo”. A las clásicas descripciones intelectuales, que se limitan a situar el escenario lacustre en un entorno geográfico, hay que añadir también las renovaciones biológicas y las modificaciones químicas producidas por los intercambios térmicos entre las diferentes capas del agua, los flujos hídricos que alimentan las cuencas de cada lago, fundamentales para la vida de la flora y fauna específica, y los requisitos originados por la topografía circundante.
Las masas de aguas naturales tienen varios gases disueltos, principalmente oxígeno y anhídrido carbónico, y diversas sales minerales en concentraciones muy variables, dependiendo de la salubridad del agua. A pesar de que los medios acuáticos son bastante pobres en oxígeno, salvo las aguas estancadas con abundantes vegetales colorofílicos, los lagos se clasifican en tres categorías de acuerdo a la distribución del oxígeno disuelto en el agua. Los lagos oligotróficos son fríos, profundos y las aguas claras y azuladas; tiene una concentración elevada de oxígeno y sus peces necesitan agua bien oxigenada (salmónidos). Los lagos eutróficos son poco profundos, de temperatura templada, con un elevado índice de producción de materia orgánica y fenómenos de descomposición intensos; sus aguas son verdosas y los peces necesitan poco oxígeno. Y los lagos distróficos, con escasa vegetación y gran concentración de tierras vegetales, que convierten las aguas en ácidas y las dejan de color pardo.
El estudio y observación de las especies animales y vegetales de los lagos y humedales es muy interesante por el relativo aislamiento de la cuenca lacustre, que provoca una evolución de comunidades específicas condicionadas por la “edad” y características de cada masa de agua. Los lagos jóvenes, de origen glaciar, son pobres en seres vivos y presentan menos diversidad de especies y ecosistemas que los lagos antiguos de origen tectónico o estructural. En los modelos de vegetación que puede presentar un lago o laguna, tanto palustre como de ribera, es fundamental el incremento de las sustancias nutritivas del agua (eutrofización), que provoca una disminución del oxígeno al aumentar los procesos de descomposición del exceso de materia orgánica, disminuyendo al mismo tiempo la profundidad por el amontonamiento de sedimentos. Al desarrollarse una rica vegetación litoral el lago pasa de ser oligotrófico a eutrófico, sube la población de peces y anfibios y llegan más aves acuáticas.
Antes de la llegada de los hielos cuaternarios los relieves peninsulares estaban ocupados en gran parte por multitud de lagos que poco a poco se fueron colmatando con sedimentos o abrieron una vía fluvial hacia los grandes océanos, desarrollando las grandes cuencas fluviales. Las zonas de montaña se cubrieron de grandes masas de hielo en la era glaciar y comenzó un proceso definitivo en la morfología de los relieves actuales. Al retirarse los glaciares, las lenguas de hielo y rocas de las morrenas excavaron profundas cubetas y circos rocosos que ahora albergan cientos de lagos alpinos en los Pirineos, Cordillera Cantábrica, Sistema Central y otros macizos españoles. Una vez definidas las geografías, después de las glaciaciones del Cuaternario, entraron en acción los elementos erosivos y el modelado kárstico o disolución de las rocas calizas, creando lagunas relacionadas con otros factores hídricos de origen tectónico o, simplemente, al taponarse por colmatación el sumidero de antiguas dolinas abiertas en las cubetas glaciares.
Las masas de agua denominadas humedales o zonas húmedas suelen ocupar territorios semiáridos y son los ecosistemas lacustres estacionales que más degradación han sufrido en el último siglo, como consecuencia de las desecaciones y procesos de descarga de los acuíferos del subsuelo. En España se han catalogado 2.474 lagos, lagos glaciares, humedales, albuferas y lagunas litorales que muestran la rica diversidad de ecosistemas lacustres de las comarcas españolas y los elementos tradicionales de la cultura popular vinculados al lago, como leyendas, artesanía, usos agrarios, historia o gastronomía.













































































































